Para luego de terminar de ver “True Detective”

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El fenómeno de comienzos del 2014 en el mercado siempre interesante de las series de TV fue sin lugar a dudas True Detective.
La serie escrita por Nic Pizzolatto planteó una clásica estructura policial con un misterio intenso e interesante donde se mezcló la magia ritual, la sangre, un poco de acción, la corrupción política y la descomposición social del Sur de los Estados Unidos enmarcado en una especie de neo-gótico sureño.
Y sin embargo el final me resultó algo decepcionante. ¿Por qué? Intentando no adentrarme demasiado en el terreno árido del *spoiler* podría señalar que la trama tiene una resolución algo casual (el modo en el que terminan dando con el verdadero asesino) que casi diría está a un paso del infame procedimiento narrativo del Deus Ex Machina. Además hay varias líneas argumentales que venían siendo ampliamente desarrolladas y quedaron inconclusas, siendo así desperdiciadas. Hay por lo menos toda una situación bastante ridícula que además no aporta nada a la trama (no la hace avanzar ni le aporta relevancia) en los últimos dos capítulos (tiempo de acción que podría haberse empleado en darle más hondura y relevancia a la resolución) y la escena final desvirtúa al personaje de Rust Cohle dejándolo casi como una caricatura de lo que había sido.
Fue por eso que apenas terminé la serie me propuse leer algo que siguiera en su mismo tono porque la temática del asesinato ritual me resulta no solo fascinante (de hecho, mi novela próxima a aparecer, Rituales de sangre, tiene mucho de eso) sino muy rica en posibilidades. El terror moderno de orden no sobrenatural tiene en la temática ritual un nicho enorme para aprovechar.
Leí tres libros (uno de ellos, en realidad todavía lo estoy leyendo) y aquí van mis comentarios para quienes quieran seguir enganchados con la temática que propone la serie.
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