¿Crítica literaria o reseña?

Oh, Harold!

Harold Bloom, el mayor crítico literario estadounidense vivo.

Leí hoy un interesante artículo de Malena Sánchez Moccero acerca del rol de la crítica literaria hoy en día en el diario Perfil.

Creo que es interesante el planteo acerca de cuál es el rol de la crítica literaria hoy en día y si bien, como señalé, creo que la nota es interesante, también siento que le faltó ahondar un poco en la cuestión de la oposición crítica literaria/reseña literaria que ha cobrado una forma completamente diferente con el advenimiento de las redes sociales. Sigue leyendo

Personajes interesantes

marlowe03

Leyendo un interesante libro que reflexiona y da consejos acerca del modo de escribir mejores novelas (o al menos, libros que generen más interés en los lectores) me encontré con algo que parece simple, sencillo, hasta obvio si se quiere pero que precisamente, por ser todo eso, muchas veces se nos escapa: ¿Por qué debería interesarme la historia que vive en una novela un personaje protagonista?
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¿Con qué escribir?

wordstar

Hace unos días nos enteramos que George R.R. Martin, el autor de la saga “Canción de hielo y fuego” (más conocida por su popularización en serie de TV: “Juego de tronos”) escribe sus novelones (que superan sin excepciones las mil páginas) en una vieja PC con sistema operativo DOS, sin internet, con un procesador de textos Wordstar 4.0  y que guarda sus archivos en los viejos y queridos diskettes.

Según el autor, este método le permite concentrarse plenamente en la escritura y le evita caer en distracciones.
Pero el método que emplea el autor de la saga fantástica más importante de la actualidad también habla de él como escritor: uno es también en el método que utiliza para escribir.  Sigue leyendo

¿Cómo se forma un lector?

bukowski
Hace un tiempo me invitaron a una charla junto con otros escritores y profesores de literatura para un club juvenil comunitario.

Los chicos organizaron la ocasión y nos sentamos en una mesa tres recibidos de la carrera de Letras escritores publicados y, si no me equivoco,  un autor de teatro autodidacta.

Fue una linda ocasión para conversar con adolescentes acerca del gusto por la literatura, la lectura, recordar cómo es que llegamos a la pasión por los libros que terminó inclinándonos a todos nosotros por una carrera y una profesión que si bien es muy gratificante (la devolución de un lector al que le gustó nuestro libro o post en el blog, el leer como parte de nuestro trabajo, el ejercicio constante de la auto superación que implica empezar cada día con una hoja en blanco) implica también mucho sacrificio (la inestabilidad laboral, la necesidad de cubrir nuestros horarios con otros trabajos que nos permitan pagar nuestros gastos y por ende, nos deja poco tiempo para escribir, y también el desconocimiento de una gran mayoría acerca de lo que hacemos y el por qué de lo que hacemos tiene un valor social que merece una retribución).
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Todo queda en familia de Ezequiel Dellutri

dellutriTodo queda en familia por Ezequiel Dellutri
Mi calificación: 2 de 5 estrellas

“Todo queda en familia” presenta un tipo de relato policial clásico que pretende pasar por “noir” a través del comportamiento de algunos de sus personajes. ¿Eso está mal? Desde luego que no, pero el resultado es una novela liviana, a medio camino entre la dureza del noir y la excentricidad del relato clásico.
La analogía con Sherlock Holmes (en este caso el excéntrico detective Jeremías “Gillette” Jeremías, que ya lleva desde el nombre una marca peculiar ¿acaso un chiste de difícil interpretación?)y su ladero Watson (en la novela, el escritor de novelas policiales Simón León; nuevamente, la rima ¿indica algún tipo de guiño al lector? ¿algún tipo de peculiaridad colocada a propósito para dotar al personaje de cierta excentricidad por fuera de la profundidad de su construcción?)queda explicitada en varias ocasiones por el narrador por lo que no caben dudas de hacia donde se intenta llevar la novela.
Luego tenemos un homicidio con el que se abre la novela que plantea una intriga pero más que nada requiere del lector un hondo esfuerzo de “suspensión de la incredulidad”: las circunstancias, los motivos (que se explicarán al final, obviamente), el modus operandi, todo parece caprichoso y blando. Otro crimen, otra intriga se desarrollan apenas uno o dos capítulos luego de comenzada la novela y este también plantea situaciones y motivaciones un tanto extravagantes.
Los métodos de investigación del detective Jeremías Jeremías son las del clásico detective del policial de enigma (no hay juego de ajedrez que metaforice la mente matemática y de lógica privilegiada del detective aquí, sino el más local juego de rummy) aunque el modo completamente azaroso y sin explicar en el que comienza la investigación ya sabiendo de antemano quienes son los responsables de uno de los homicidios (aún antes de investigar) le quita un poco del encanto típico del género de observar a la mente brillante en acción.
Raymond Chandler señaló alguna vez que en los policiales de enigma es imposible descubrir al asesino con las herramientas que el narrador nos da, que si lo desciframos es de pura casualidad. “Todo queda en familia” lleva esta aseveración al paroxismo absoluto: no solo es imposible descifrar al/los asesinos por las pistas que sigue el investigador sino que es imposible porque definitivamente no se presenta ninguna pista a lo largo de la investigación. Las pruebas, los indicios sólo parecen residir en la cabeza de Jeremías Jeremías y nunca las hace explícitas.
Mención aparte merece la subtrama que involucra la investigación del suicidio de la mujer de Jeremías por parte de León y su amante/amiga Maco. Un desarrollo correcto y lineal que lleva a dar como resultado la suma de excentricidad más a Jeremías.
Quizás en las novelas que continúan a esta se haya aprovechado para profundizar en sus peculiaridades dejando su registro de “detective excéntrico porque sí” de lado. Sería interesante poder ver en esta novela un punto de partida para una serie más pulida y que escape un poco de las características típicas del policial en la argentina.

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Las extranjeras de Sergio Olguin

armado las extranjeras.inddLas extranjeras por Sergio S. Olguín
Mi calificación: 4 de 5 estrellas

Esta continuación de “La fragilidad de los cuerpos” la supera con creces.
Encontramos nuevamente a la periodista Verónica Rosenthal involucrada en la investigación del doble crimen de las extranjeras del título con quienes se había involucrado afectivamente.
Esta continuación presenta entonces una serie de personajes mucho más asentados, mejor presentados, más acabados a partir del esbozo que se había hecho de ellos en “La fragilidad…” y esto es algo para celebrar en un mercado argentino que conoce pocas sagas. ¿Por qué es algo para celebrar? porque la serialidad es una condición básica para el sustento de todo género popular y en el caso del policial argentino se ha visto poco en los últimos años: los referentes más importantes no lo han aplicado.
Una trama ajustada y llena de idas y vueltas, que desnuda la corrupción política, social y moral de las clases acomodadas de la oligarquía provincial, conflictos intrajudiciales y protagonistas que no aparecen para nada impolutos, que son capaces de matar, ocultar o desviar el cauce de una investigación sólo porque sus intereses económicos/afectivos se lo indican. Todas estas características típicas del policial negro, casi ausentes de buena parte de la tradición más clásica de la literatura policial argentina, le dan a la novela un piso de sustento especial para quienes buscan una novela de género negro.
No falta tampoco el erotismo en “Las extranjeras” con unos personajes que disfrutan de su sexualidad libremente lo que le da a la narración un tono de realismo no forzado.
En conclusión, una excelente continuación a “La fragilidad de los cuerpos” (aunque, como buena novela en serie, no precisa del lector haberla leído para poder disfrutarla) que profundiza en una trama muchísimo más ajustada y diversificada, sin excesos, precisa y disfrutable.

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Déjalo ir / Libre soy

Déjalo ir

El camino del escritor hacia la publicación está lleno de obstáculos: escribir un texto que lo satisfaga, pulirlo y dejarlo presentable para mostrar, enviarlo a incontables concursos literarios, hacerlo llegar a algún editor con la esperanza de que decida leerlo y no dejarlo en la pila de originales que nunca serán ni siquiera hojeados (en este sentido, el mercado hispánico carece de ese elemento esencial en otros mercados: el agente literario que ejerce de nexo entre autor y editor) y luego si tiene talento (pero sobretodo suerte) y se le alinean los planetas de modo tal que ese original termine siendo considerado por un editor que decida que es editable (acumulación de milagros o de buena fortuna) volver a comenzar la rueda porque ningún escritor es escritor de un sólo libro.

Quisiera reflexionar un poco acerca del comienzo de ese proceso: la escritura de un libro. Pensemos en el género novela que es un género cerrado, fornido y que tranquilamente puede hacer un libro. Un escritor primerizo destina incontables horas de su vida intentando encontrar los espacios de tiempo disponibles para el proceso creativo, exprimiendo cada segundo que no utiliza en el trabajo del que vive, tiempo que decide no pasar con su familia o amigos o entreteniéndose con alguna de las incontables ofertas que tenemos actualmente para finalmente, luego de un tiempo, terminar de escribir esa primera novela.

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