James H. Chase y el policial negro

Enzo Maqueira (izquierda) y yo durante la presentación en el marco del BAN!

Enzo Maqueira (izquierda) y yo durante la presentación en el marco del BAN!

Quiero compartir aquí algunas de las cosas que dije ayer en el festival Buenos Aires Negra (BAN!) acerca de la obra de James Hadley Chase y el lugar que su lectura ocupó en mi formación como lector y como escritor de novela negra.

Hace muchos años, digamos 1995/1996 para ponerle una temporalidad concreta, había en Santa Fe y Salguero una librería con una gran mesa de saldos editoriales. Ahora no sé qué hay exactamente, una farmacia o algo así, no estoy seguro. Pero en esa época estaba esta gran mesa de saldos y el plato fuerte de esa mesa eran unas ediciones muy bien cuidadas de la colección Grandes Novelistas Emecé. Por $15 se conseguían tres novelas de James H. Chase. Hoy en día ya sabemos que ni un alto guiso se consigue por $15, mucho menos un solo libro. Aún saldado.
En casa mi papá era asiduo lector de las novelas de Chase y yo alguna había podido leer pero desde chico ya tenía una cuestión con la necesidad de comprar libros. No quería libros que estuvieran en casa, quería la solemne ceremonia de ir a una librería y pasar horas eligiendo qué libro iba a comprar. En este caso eran qué tres libros iba a comprar. Qué tres novelas de James Chase. Y la elección era muy difícil. ¿Por qué? ¿Alguna vez vieron los títulos de las novelas de Chase? Veamos algunos, en sus traducciones que por lo general han sido muy fieles a los originales:

La sangre de la orquídea

Estás solo cuando estás muerto

Acuéstala sobre los lirios

¿Hay algo mejor que el dinero?

¿Acaso no son unos títulos fantásticos? Pero esperen, hay más y sólo voy a mencionar algunos porque Chase escribió más de cincuenta novelas policiales, algunos firmados bajo otros seudónimos:

Un ataúd desde Hong Kong

Un ingenuo más

Toc, Toc ¿Quién es?

chase

Este último en particular es uno de mis favoritos absolutos. Lo repito: Toc, Toc, ¿quién es? Es magistral. Es un título que como el 99% de los de Chase (porque tiene un 1% de títulos mediocres como los que son nombres propios Eva o Candence o Mallory y los que tienen título de novelas de espías como Misión en Venecia y Misión en Siena) inmediatamente perturba al lector, lo inquieta, le da una sensación de extrañeza. Y en ese sentido: Toc, Toc, ¿Quién es? es impresionante. La amenaza latente en una típica situación que nos desespera pensar. ¿A quién no lo asustó alguien golpeando a su puerta a las tres de la madrugada? Por supuesto, cuando entendemos que fue un error o una molestia nos tranquilizamos, pero ese momento en el que no esperamos a nadie y de pronto alguien toca la puerta… ese momento es espeluznante ¿no?

Otro gran título: Prefiero seguir pobre. Fíjense la potencia que tiene en un título de policial esa afirmación. Dejar de ser pobre en el mundo de Chase significa que lo que hay que hacer es terrible y posiblemente terminará costándole la vida a ese “ingenuo más” que lo intente. Porque por supuesto, las novelas de Chase tratan sobre perdedores, ingenuos, matones de poca monta que tienen una oportunidad que parece caída del cielo de cometer el crimen perfecto: una joya encontrada de casualidad, una hermosa mujer que aparece de la nada, un robo al banco que parece no tener fisuras… pero en este mundo de canallas siempre algo sale mal y no es extraño que el héroe termine mal.

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Tengo un recuerdo de mi lectura de Chase que nunca me abandona. Estaba en séptimo grado (sí, ¿qué edad se creen que tenía cuando descubrí a Chase allá por 1995/96?) y tenía una maestra de Lengua, la señorita Itatí que  nos había dado una clase, nos había dicho: “En una novela el protagonista nunca puede morir”. Yo acababa de leer una novela de Chase que recuerdo me había impactado muchísimo: Las fotografías de la muerte. En esa novela el protagonista, para peor en primera persona, moría y en el último capítulo había un cambio de narrador que terminaba de darle una coda amarga a la novela (porque sí, las novelas de Chase suelen terminar de forma agridulce con suerte). Bien, levanté la mano como buen nerd y con tono cancherdo le dije a la maestra: “Eso no es así: en una novela de Chase que acabo de leer el protagonista se moría”. La pobre docente argentina habrá pensado “¿qué hice yo para merecer esto?” pero en cambio contestó magistralmente: “Es que los grandes genios de la literatura se pueden permitir ese tipo de trasgresiones.” ¡Que grande la maestra Itatí! Acababa de zafar de una pregunta incómoda y además me había hecho sentir un lector agudo. Porque todos los que leemos sabemos que no existe nada más bello en este mundo que una voz autorizada diga que los libros y los autores que leemos son “grandes libros”, “grandes novelistas” o “grandes novelistas emecé” ¿no?

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Bueno,  tengo una terrible noticia que darles: Chase no es lo que se dice un “buen escritor”. Digo, sí, nos encanta, lo amamos, nos ha regalado algunas de las mejores horas de lectura de nuestras vidas pero si nos sentamos a leerlo en profundidad y leemos unas diez, quince, veinte novelas vamos a terminar encontrando que casi todas tienen una estructura muy similar, casi industrial.

Podemos resumir esta estructura en la siguiente fórmula:
Perdedor o tipo que está abajo + Hecho fortuito que lo pone ante la posibilidad de su vida + Mujeres del bajo mundo + Escena de sexo que bien puede pertenecer a una película pornosoft como las que pasaban en The Film Zone los sábados a la madrugada + Todo termina saliendo terriblemente mal + Final agridulce o directamente malo.

Chase es el ejemplo perfecto del escritor que se tomaba la escritura como un trabajo y los resultados están a la vista: millones de ejemplares vendidos, el tipo cumplió su sueño de ganarse la vida divirtiéndose. ¿Cómo puedo asegurar que se divertía escribiendo? Porque es fácil encontrar en un libro las emociones del que lo escribió, el estado en el que lo escribió y las novelas de Chase son un derroche de método, estructura y también una oscura y amarga alegría. Las novelas de Chase presentan situaciones tremendas y hay sin dudas una fuerte crítica social, moralista y paternalista en muchos casos, pero atravesada por una especie de risa irónica y amarga, como escapada silbante entre los dientes cerrados.

Chase era un obrero de la novela policial: un tipo que metía un título imbatible (De nada sirve morir, Con las mujeres nunca se sabe) en unas construcciones de trama precisas y hasta repetitivas, con personajes vulgares a la búsqueda de ese gran golpe que los liberara de la vida mundana y sacrificada y les permitiera vivir cómodos en las playas de California.

En ese sentido lo original de Chase respecto de los popes fundadores de la novela negra como Chandler o Hammett es que sus personajes son de abajo, como Marlowe quizás, pero no merodean entre la clase alta para denunciar su decadencia con tono melancólico ¡No! Los personajes de Chase sueñan con ese destino de podredumbre social encumbrada porque vienen de la podredumbre del fondo y quieren un lugar allá arriba. En eso es donde se ve quizás el moralismo reaccionario de Chase: historias de pequeños ladrones, pillos, delincuentes y asesinos de poca monta que casi invariablemente terminan castigados por su ambición de una vida fácil.

hippie
Voy a terminar con otra anécdota personal. Hace unos años encontré en la casa de mi abuela paterna (sí, el gusto por Chase es de familia y por parte de padre en mi caso) editado por la colección Séptimo Círculo (pero en la segunda época, creo que a Borges le hubiera dado un síncope de leer a Chase) una novela del maestro llamada Hay un hippie en la ruta. Por supuesto con ese título magistral, provocativo, sutil, tan lleno de conflicto político de los años 60s no pude más que leerla. Lo hice y quedé un poco decepcionado porque la historia me pareció poca cosa y los personajes un poco planos. Sí, Chase tiene decenas de mejores novelas que esa, pero lo que me quedó también claro es que a veces no está tan bueno volver a lo que nos hizo felices tanto tiempo atrás y que es mejor seguir adelante, leyendo otros escritores que han tomado el manto y hacen cosas increíbles. No quiero decir que no haya que leer a James Chase pero sí que por lo menos para mí, fue una influencia fundamental y quiero que ahí quede, en ese lugarcito, el de haber sido uno de los mayores responsables de que me haya convertido en lector, luego en Licenciado en Letras y por último en escritor de policiales.
Muchas gracias por escucharme.

3 comentarios en “James H. Chase y el policial negro

  1. Alejandro Soifer, me encanto tu forma llevadera y sagaz de presentar tu libro. Te agradezco tu tiempo, tu amabilidad y tu dedicatoria. Espero que nos veamos pronto. Un abrazo. Stella

    • Muchas gracias Stella, espero que disfrutes el libro. Y desde luego, ¡espero que me cuentes que te pareció cuando lo hayas terminado!
      Un saludo afectuoso.

  2. Alejandro,me encantó escucharte el domingo.Me gustó saber como empezaste a leer a Chase.También recordar los títulos.
    Yo lo leía hace muuuuuuuuuucho tiempo,ya era grande pero me gustaba.Ahora es el pasado,nada más.
    ¡Suerte!Mirta
    (La mamá de Enzo)

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