El enigma del Premio Nobel de Literatura

Patrick Modiano, Premio Nobel de Literatura 2014

Y finalmente llegó ese día de noviembre en el que todas las miradas se posaron sobre la Literatura porque se entregó el Premio Nobel.

Es curioso lo que sucede con este premio particular que es otorgado por una academia sueca (uno podría preguntarse cuál es la larga y prestigiosa tradición de la literatura sueca, que no dudo que exista, pero que no parece muy conocida por el público amplio ni especializado a excepción del fenómeno editorial del “policial sueco”): es el premio literario más discutido, controversial y apasionante de los que existen en el amplio y basto mercado de los premios literarios.

¿Por qué es así? Porque por algún motivo sociológico este premio tiene un grado de distinción especial y está considerado unánimemente como el mayor galardón mundial en el mundo de las Letras. Nuevamente cabe preguntarnos: ¿por qué el mundo entero se rinde a los pies de un selecto grupo de eruditos suecos que ni siquiera leen en las lenguas originarias de muchísimos de los que año tras año premian?

Lejos de lo que la creencia popular pueda llegar a imaginar, los Premios Nobel se cocinan en una preselección, donde se nominan a ciertos escritores (siempre hablando del Nobel de Literatura) y los eruditos suecos debaten la conveniencia del premio que muchas veces tiene más de decisión política que de reconocimiento literario.

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Ahí entra la eterna cuestión, la herida narcisista más grande que ha sufrido la literatura argentina a lo largo de sus 160 años de existencia: ¿por qué no fue premiado nunca Jorge Luis Borges? Sin lugar a dudas la obra de Borges merecía y merece las mayores distinciones literarias posibles (y de hecho sí ganó el Premio Cervantes, considerado, vaya giro lingüístico irónico, “el Nobel de los escritores que escriben en castellano”). Pero resulta que Borges tuvo la mala idea de ser un liberal gorilón que simpatizó con la Dictadura de Videla en un comienzo y eso cayó muy mal entre los académicos Suecos que ya habían tenido el mal tino de premiar con el Nobel a Knut Hamsum, famoso escritor noruego que luego integró las filas del nazismo.

Si uno se dedica a mirar un rato la lista de Premios Nobel de Literatura desde luego encontrará a escritores que son clásicos modernos (por ejemplo, los estadounidenses William Faulkner (en 1949) y Ernest Hemingway (1954) que no se prodigaban mucho afecto entre sí; Thomas Mann (1929) o Albert Camus (1957)) y otros que la historia de la literatura ya ha olvidado (por ejemplo el polaco Henryk Sienkiewicz que lo ganó en 1905 o viniendo más acá en el tiempo, el sueco Tomas Tranströmer que lo ganó en 2011 y posiblemente haya sido su posibilidad de salir del mercado de poesía sueco hacia el mundo entero).

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Sully Prudhomme, Premio Nobel de Literatura 1901

Si miramos la lista de los premiados desde 1901 en que se entregó el primer Nobel de Literatura (al hoy ignoto francés Sully Prudhomme) hasta el 2014 descontando los años en que no se entregó por las guerras (1918, 1935 tampoco se entregó aunque por otro motivo no especificado, 1940,1941, 1942 y 1943), es decir, de un total de 107 premios, vemos que hubo un total de 7 premios a escritores suecos. Esto totaliza un 6,5% de Premios Nobel (que entrega la Academia Sueca) a escritores Suecos.

Sumémosle a esto los 3 Nobel a escritores noruegos y tenemos que casi el 10% de los Nobel fueron para escritores escandinavos. Ahora seamos un poco realistas: ¿realmente la literatura escandinava ha producido al 10% de los mejores escritores de la Humanidad de los siglos XX y XXI? Difícil determinarlo, pero a priori diríamos que no.

Otra curiosidad del Nobel de Literatura es el que recibió en 1953 Winston Churchill. Sin dudas la obra política del genial estadista inglés era merecedora de elogios, casi como la que escribió Domingo F. Sarmiento que tuvo la desgracia de morir en 1888, trece años antes de que se diera el primer Nobel de Literatura. Si era por una obra política-literaria, nuestro valor local debía contar con ventaja ineludible. Ahora, ¿podemos encontrar valor literario para galardonar en una prosa que fue pensada  como política?

En la misma lógica casi recibe el Premio Nobel de Literatura el famoso médico austríaco Sigmund Freud. Me imagino el escándalo que representaría para la escuela psicoanalítica que los escritos del maestro del psicoanálisis fueran considerados mera literatura.

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¿Qué hubiera sido del psicoanálisis si su fundador ganaba el Premio Nobel de Literatura?

Elizabeth Förster-Nietzsche, la hermana del famoso filósofo alemán Friedrich Nietzsche, fue nominada sin éxito al Premio Nobel de Literatura en 1908, 1915 y 1923. Lo más curioso del asunto es que la mujer, viuda del antisemita profesional y emprendedor inmobiliario-colonial Bernhard Förster, apenas si escribió algunos textos sin valor y muchas cartas; más bien se dedicó a fraguar los textos y el legado de su célebre hermano.

El Nobel de Literatura, como dijimos, también es un espacio de trinchera y fue por eso que Jean-Paul Sartre, enemigo íntimo de Albert Camus casi como William Faulkner y Ernest Hemingway, rechazó su galardón de 1964. Hace unos años salió a la luz que en algún momento había hecho averiguaciones discretas para ver si podía recibirlo pese a haberlo rechazado. Parece ser que el prestigio (o el dinero del premio) podían más que la convicción militante.

Pero el Premio Nobel es un premio que mueve multitudes. La gente que lee hincha por su escritor favorito (ay Philip Roth, cuándo te darán el gran premio? Spoiler: nunca) como si se tratara de alentar a un equipo de fútbol. La gente que lee poco aprovecha el Nobel como una guía de lectura: apenas anunciado el ganador se acercan a la primera librería que encuentran y arrasan con las existencias de lo que haya del ganador. La gente que no lee nada, se aprende el nombre del ganador para tener una cita de autoridad culta cuando alguien le haga la incómoda pregunta: “¿Qué estuviste leyendo últimamente?” Un Nobel siempre deja bien parado hasta al menos lector. No por nada han proliferado varias colecciones de novelas de “los Premios Nobel”. Una biblioteca queda automáticamente prestigiada si posee una linda colección de escritores que la Academia Sueca decidió premiar.

Hoy el Premio fue para Patrick Modiano que tiene la ventaja de ser francés y que su obra se consiga en varios idiomas. De aquí a unos meses proliferarán los modianistas conversos que habrán encontrado en esta nueva estrella un valor para agregar a su biblioteca y sus conversaciones cultas. Y está muy bien que así sea. Los editores que lo publicaron y los libreros suspiran aliviados y descorchan el champagne porque verán aumentar sus ventas en los próximos días. Esta vez no fue un oscuro escritor chino sin traducir, o un escritor africano aburrido y denso; esta vez fue un francés y se sabe, los franceses han refinado el arte de la novela literaria culta y amena como ninguna otra nación del planeta lo ha logrado.

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Mientras tanto, los grandes perdedores, los Haruki Murakami que nunca ganarán el Nobel porque la Academia sobre todas las cosas detesta que le marquen el rumbo diciéndole qué tiene que premiar y detesta por igual prestigiar a escritores que ya han cruzado la frontera hacia la popularidad masiva, masticarán bronca, al igual que sus incondicionales fanáticos.

Será cuestión de esperar un año más o empezar a pensar ¿por qué le damos tanto valor e importancia a un premio literario que entrega una academia de ancianos suecos?

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