El Rey y yo

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Leí a Stephen King por primera vez cuando tenía unos 11 o 12 años y empecé a lo grande: Cementerio de animales quizás una de las novelas de terror más perturbadoras que hayan caído en mis manos. No recuerdo por qué pero en 1996 estuvo brevemente de moda y un compañero de escuela me insistió en que la leyera.

Luego pasé por otras de sus novelas: Misery que me enloqueció de fanatismo, La zona muerta, El resplandor en una edición de bolsillo con el Jack Nicholson de la película en la tapa aunque ni sabía que existía una adaptación y no la vería hasta unos quince años más tarde, Las cuatro estaciones, IT que no logré terminar, La milla verde en una colección de varias entregas que se vendieron en kioscos de revistas, algunas novelas menores (y decididamente malas) que firmó con seudónimo como Despesperación y por último recuerdo haber leído Un saco de huesos pero ya era una época en la que me acercaba a King con cierta desconfianza; la desconfianza del snob literario, del elitista cultural que se rehúsa a leer literatura popular.

En tercer año de la secundaria ya tenía decidido que mi camino iba por el lado de leer la mejor literatura y leí bastante de Franz Kafka y la rama francesa del existencialismo y luego a los beatniks estadounidenses. En ese ámbito de “alta literatura” un escritor popular que publicaba una novela (a veces dos) por año no podía tener un lugar. El tiempo es corto y uno tiene que acomodarlo de la mejor manera posible; no se puede leer todo lo que se quisiera y entonces uno tiene que priorizar. Y en mi ecuación, la literatura masiva no era digna de ocupar el precioso espacio que los clásicos requerían.

Entonces abandoné a King y a casi todo escritor popular y me dediqué a la “alta literatura” y luego hice la carrera de Letras donde profundicé en ese tipo de snobismo literario.

Mi primer reencuentro con el Rey fue cuando estaba por terminar mi carrera de Letras: por alguna insistencia decidí leer Mientras escribo una crónica autobiográfica donde el escritor cuenta cómo comenzó a escribir y cómo logró hacer de esto su carrera al tiempo que nos relata una infancia bastante sufrida. Es sin lugar a dudas uno de los mejores libros sobre el arte y el oficio de escribir y uno de los mejores libros de toda la obra de King (al menos de la que leí).

Martin A. La Regina

Volví a recobrar algo de simpatía por King como quien vuelve a encontrar un juguete de cuando era niño: sí, muy bonito y muy antiguo. Sólo sirve para algún momento de nostalgia.

También vi la adaptación de Kubrick de El resplandor que tanto me había gustado de chico y sentí que la película no le hacía justicia a mi recuerdo de la lectura. Lo que más me desconcertó fue el final de la película en comparación con el final de la novela. Completamente opuestos.

Y entonces seguí sin darle demasiada relevancia a lo que hacía King (convengamos también que sus últimos libros no me resultaban particularmente interesantes y para sus primeros libros “no tenía tiempo”) hasta que el año pasado (2013) compré en la hermosísima librería Strand de Nueva York un ejemplar de su novelita pulp Joyland. 

Joyland

La felicidad de encontrarme con esa novela fue incomparable. Ya lo habré dicho, pero Hard Case Crime, con su tarea de restituir textos pulp fiction clásicos en nuevas y cuidadas ediciones y con unas tapas que le hacen muchísima justicia al género, han realizado un trabajo fantástico en acercarme de nuevo a la literatura popular y espero que lo hayan hecho también para muchos otros lectores.

Joyland, una tierna historia de fantasmas y adolescentes, me devolvió las ganas de leer a King y por eso es que compré la primera novela noir de su vasta carrera, Mr. Mercedes, que estoy saboreando de a poco.

Pero como si fuera poco para restituirme el gusto por el maestro, en el último número de la edición argentina de la revista Rolling Stone se publicó una entrevista con él que es la traducción directa de una muy famosa que le hicieron hace unos meses en Estados Unidos.

La leí con interés y no pude sino sentir que cada palabra, cada definición que daba me acercaba más a su forma de pensar como lector y también como escritor.

Hay en la Literatura (y en otras artes, pero hablaré sólo de lo que conozco con profundidad) una tendencia a lamentarse por la caída de la calidad literaria en favor de una literatura de mercado (como si la calidad literaria fuera algo completamente objetivo y no una construcción subjetiva a partir del gusto de cada lector).

Hay en muchísimos escritores también una defensa del “arte puro” que intenta despegarse de la suciedad del mercado. Esto es básicamente una cuestión elitista: ¿quién puede permitirse escribir sin pensar en vender su libro? ¿Quién puede darse ese lujo? Alguien que evidentemente tenga un respaldo económico que le permita darse semejante lujo. Porque las horas que alguien insume escribiendo son también un oficio ¿o no? podría estar usando esas horas en una forma de ganar dinero trabajando en otra cosa. Entonces, poder darse el lujo de escribir sin pensar en llegar a los lectores implica un retroceso a una época en la que el Arte no era autónomo sino que grandes benefactores llamados mecenas pagaban a los artistas para que hicieran el arte para ellos. Esto se terminó con la Modernidad, cuando los artistas y escritores que ahora se valorizan como grandes genios, en muchos casos escribieron para ganarse el pan.

En la entrevista que menciono, King dice claramente que todo eso le parece una porquería. Y no es que quiera compararme con él (que es claramente un faro, un ejemplo a seguir) pero no podría estar más de acuerdo.
Reproduzco aquí algunos de estos conceptos que expresa con tan profunda claridad:

strand
RS: Un montón de críticos fueron muy incisivos con ustedes al comienzo de su carrera.
SK: Al principio  de mi carrera el Village Voice publicó una caricatura mía que todavía hoy me duele. (…) Era un dibujo en el que yo estaba comiendo dinero. (…) Sugería que si la ficción vendía bien, era mala. Si algo es accesible para la mayoría de la gente, tiene que ser estúpido, porque la mayoría de la gente es estúpida. Eso es elitista. Yo no estoy de acuerdo.

RS: Pero esa actitud persiste hasta hoy en día. El crítico literario Harold Bllom lo atacó con saña cuando usted ganó el National Book Award hace unos diez años.
Lo de Bloom nunca me molestó porque hay muchos críticos, y el es uno de ellos, que consideran su ignorancia sobre la cultura popular una señal de su calidad intelectual. Tal vez él pueda decir que Mark Twain es un gran escritor, pero no puede decir que hay una línea directa de, por ejemplo, Nathaniel Hawthorne a Jim Thomspon. Sólo piensa: “No los leo, pero sé que son malísismos.”

Más adelante en la entrevista le preguntan:

RS: ¿Piensa mucho en cuál será su legado?
SK: 
No, no mucho. Para empezar, está fuera de mi control. Hay dos cosas que pueden pasarle a un escritor cuando muere: o su obra sobrevive o es olvidada. Alguien encontrará un libro en una vieja caja y dirá: “¿Quién es este Irving Wallace?”. No hay ninguna explicación. Pregúntele a un estudiante de secundario quién es Somerset Maugham. No saben. Escribió libros que en su momento fueron best-sellers. Pero ahora es un escritor olvidado, mientras que Agatha Christie nunca fue más popular. Pasa de generación en generación. No es tan buena escritora como Maugham y ciertamente no ha hecho más que tratar de entretener a la gente. Así que no sé qué va a pasar.

RS: Usted ha amenazado con retirarse varias veces, pero obviamente todavía no lo hizo. ¿Se imagina escribiendo hasta los 80 o incluso después?
SK: 
Sí. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Quiero decir, hay que hacer algo para llenar el día. No puedo tocar mucho la guitarra ni ver más series por televisión. Esto me satisface. Hay dos cosas que me gustan de escribir: me hace feliz y hace feliz a otra gente.

Recomiendo leer la entrevista entera porque realmente vale la pena en especial sus impresiones acerca de la famosa adaptación de Kubrick a El resplandor (spoiler: a él tampoco le gustó) y su opinión sobre clásicos como Hemingway. La encuentran entera en inglés aquí.

King, con simpleza y sin soberbia (pese a que podría tenerla tranquilamente) conoce su lugar y está cómodo ahí. Escribir y leer literatura popular no tiene por qué pesar en la consciencia de las mentes civilizadas. El arte también es una forma de entretenimiento y si me preguntan a mí, creo que escribir lo mejor posible para un público lo más amplio posible es reconfortantemente democrático. Yo me amigué con Stephen King y con mucha literatura popular en los últimos años cuando pude sacarme el pesado lastre del esnobismo que se inculca en los ámbitos de la Crítica Literaria y su pequeña industria especializada.

Al mismo tiempo, entendí que escribir literatura pensando en entretener a la mayor cantidad de lectores posibles al mismo tiempo que entregarles un producto lo mejor acabado posible, tampoco es una vergüenza.

No me queda más que decir: ¡Larga vida al Rey!

6 comentarios en “El Rey y yo

  1. ¡Gracias por el link a la nota!
    Yo empecé a leer a King de grande (25, creo), La Niebla fue lo primero y después Cementerio de Animales, y el terror que sentí me impidió agarrar otro libro de él como por un año.
    Cada vez que leo una de sus novelas (de las buenas) me agarra un enamoramiento tal que quiero ir a abrazarlo y decirle que lo admiro (se lo dije por Twitter varias veces, obviamente sin obtener respuesta).
    No entiendo cómo “El resplandor” puede gustarle a tanta gente. Es horrible aun sin haber leído el libro.

    Y me da vergüenza tener que corregirte pero no puedo evitarlo: donde hablás de la “basta carrera”, es “vasta”.

    ¡Saludos!

    • ¡Gracias Silvina por tu comentario!
      El Resplandor es una gran novela aunque no es mi preferida ni por lejos (ahí entrarían Cementerio de animales o Misery). La película no me gustó para nada.
      También gracias por señalarme el error de tipeo, ¡a veces pasa!
      Saludos.
      Alejandro.

  2. Lo primero que leí de King fue La Zona Muerta, traducida por Aira, en la secundaria. De ahí, todo lo que escribió en su primera época. Después, en la facultad de Letras, oculté que me habían gustado sus libros. Lo dejé de lado. Vendí sus libros. Pero seguí leyendo a Dickens, a Dumas, a Doyle, a George Sand y a Galdós. Un día me di cuenta de que también ellos habían sido considerados “literatura popular” en su tiempo. Publicaban por entregas, vivían de su trabajo. Eran profesionales. Muchos competían con ellos pero sus libros fueron olvidados. Dickens, Galdós, Sand, Doyle o Dumas escribían con calidad. Por eso se volvieron clásicos. Nadie sabe qué va a perdurar y qué no. Pero etiquetar a un autor (y sin leer su obra), más que esnobismo parece mediocridad, prejuicio que es lo mismo que decir: miedo, falta de libertad. Hay quien califica según las colecciones, las portadas, los géneros. Y hay quien lee, con libertad y criterio. Me reencontré con King hace unos años. Volví a comprar sus libros, en aquellas mismas traducciones de Aire y Goligorsky de Emecé. Sigo lo nuevo. Admiro su trabajo (algunos libros son mejores que otros, me parece). Ojalá logre vivir de mis escritos como él.

    • Mercedes: ¡Gracias por tu comentario! Coincido plenamente. Un lujo tenerte por acá.
      ¡Saludos!

  3. A mí la primera vez que vi El resplandor no me gustó por todas las desviaciones de la novela de King. Sin embargo, el telefilm que hicieron en los años ’90, que adaptaba más fielmente el libro a la pantalla, es un bodrio infumable. Después de ver Room 237 (un documental muy recomendable que salió hace poco) me di cuenta que El resplandor es una película inspirada en el libro de King, pero no una adaptación: Kubrick tomó la premisa básica de King y la utilizó para hacer una alegoría que tiene miles de interpretaciones posibles: el genocidio de los indígenas americanos, la Shoá, la pedofilia, etc.
    Obviamente, uno lo entiende a King: a nadie le gustaría que tomen su obra y le cambien tantas cosas esenciales. Pero como consumidor, puedo decir que me encantan tanto el libro como la película.

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