El spoiler en la época de la reproductibilidad digital

spoiler

Me acuerdo de la primera vez que me “spoilearon” un libro que estaba leyendo: debía tener unos 14 o 15 años, el año era 1997 aproximadamente, estábamos en la pileta del club en Tigre donde íbamos con quien luego se convertiría en mi mejor amigo pero en esa ocasión lo odié con un odio que no creí que algún día podría superar. Habíamos estado discutiendo, no recuerdo exactamente acerca de qué, y como ambos estábamos leyendo El señor de los anillos pero el iba más avanzado (o quizás no pero se había enterado igual) me dijo que Gandalf era portador de uno de los anillos. Ahora lo pienso y ni siquiera tiene importancia, pero en ese momento lo sentí una traición tremenda, una catástrofe.

Luego recuerdo el último spoiler que realmente me jodió: empecé a leer una reseña de Perdida, el thriller de Gillian Flynn y el reseñista sin ningún tipo de contemplación ni cuidado anunciaba una vuelta de tuerca fundamental de la trama sin más, como si fuese parte de lo permitido en su espacio de reseña crítica. Lo odié porque luego leí la novela conociendo la vuelta de tuerca y sentí que perdía parte de la emoción de la experiencia.

Sin embargo hace varios días que me encuentro viviendo una situación inédita: hay tantos libros, series, películas, artículos periodísticos, relatos interesantes, narraciones de las que estar pendientes que ya no hay forma posible de hacer que el tiempo nos rinda para abarcarlos a todos y empecé a ver con cierto cariño a los tan maldecidos spoilers.

gone girl

La sobreabundancia de posibilidades de consumo es un problema serio: en una cultura mediatizada, atravesada por relatos ficcionales que forjan conversaciones, identidades, pertenencias y buzz en redes sociales (GIFs, memes, artículos, la maquinaria es imparable), no estar al tanto de las últimas novedades en una gama inmensa de relatos es sinónimos de quedarse afuera.

Soy un consumidor conservador de series de TV y películas: veo poco. En parte se debe a que dedico más tiempo a leer libros (que llevan más tiempo y dedicación), en parte a que me falta el tiempo (hay días en los que trabajo turno mañana, tarde y noche), en parte porque me volví conservador en mi forma de consumir (no pirateo películas ni series, veo sólo lo que tengo disponible en Netflix por dos grandes motivos: considero justa la retribución a los creadores de contenidos y creo firmemente en el streaming legal como una solución a varios grandes problemas de los consumos de contenidos en la era digital y en segundo lugar porque me da mucha fiaca buscar los contenidos en sitios de pirateo, descargarlos, pasarlos a un pen-drive y conectarlo a la TV.) Aún con mis consumos ligeros de series de TV no tengo tiempo de ver todo lo que me gustaría y me resulta común dejar series sin ver durante meses o hasta un año hasta que puedo sentarme a ver más capítulos.

Las series de TV que estoy viendo o empecé a ver en los últimos meses son:

1- The Fall
2- Daredevil
3- Cosmos
4- Sons of Anarchy
5- Downtown Abbey
6- Arrow
7- Mad Men
8- Game of Thrones
9 – Los Borgia
10 – Better Call Saul

Diez series con episodios de una hora de duración promedio, cada una de ellas con varias temporadas que van de los ocho a los trece capítulos como mínimo y mis tiempos me permiten ver como mucho uno o dos capítulos por semana. Eso sin contar con que tengo que arreglar con mi esposa qué serie ver, en qué horario y cómo. Algunas series me gustan a mí y a ella no por lo que tengo que verlas cuando estoy solo que no es mucho tiempo.

Si hago una destilación profunda, de esas diez series Arrow me es prescindente, sólo vi un par de capítulos para matar el tiempo mientras hacía alguna otra cosa y es poco probable que siga viéndola y Los Borgia casi lo mismo. Lo que me deja un total de ocho series de TV para ver.

Ocho series implica la necesidad de ocho horas para ver un capítulo de cada una de ellas y ocho multiplicado por diez (un promedio de la cantidad de capítulos) me da ochenta horas que necesitaría para poder ver una temporada entera de cada una de ellas. Con algunas series estoy al día (Daredevil la vi entera, The Fall vi la primera temporada, Mad Men me falta la última lo mismo que Game of Thrones) pero con otras no (de Sons of Anarchy vi la primera temporada y hasta la mitad de la segunda, con lo que dado que son seis temporadas de trece capítulos cada una y cada episodio dura unos cincuenta minutos necesitaría de unas cuarenta y ocho horas de visión para poder terminar de verla).

SpoilerAlert

Esto sin contar las series que me gustaría ver pero todavía ni siquiera comencé:

1 – The Americans
2 – The Killing
3 – The Bridge
4 – The Flash
5- Fargo

Y todas las que saldrán en los próximos meses (por ejemplo, True Detective temporada 2).

Si quisiera ver todos los contenidos que me gustaría ver, jugar todos los videojuegos que se acumulan en mi biblioteca de Steam, leer todos los libros que se apilan en mi mesa de luz y todos los que con el fácil acceso que da el Kindle de Amazon puedo comprar en segundos y que antes tardaban meses en llegar en formato papel hasta mi casa, debería dedicarme exclusivamente al ocio y aún así me resultaría difícil ponerme al día con todo en el mediano plazo.

Y de nuevo, a juzgar por lo que leo en Twitter, mis consumos son conservadores tirando a bajos: leo de gente que está actualizada al minuto de cada una de las series de TV, películas y podcasts que salen y se convierten en medianamente masivas o interesantes.

Entonces comenzó a sucederme hace unos meses algo inédito: no sólo empecé a sentir que ciertos spoilers no me importaban en lo más mínimo sino que hasta comencé a buscarlos a propósito.

La cuestión fue así: el año pasado dejamos con mi esposa la temporada siete de Mad Men a la tres capítulos del final. Un día sencillamente decidimos que estábamos un poco saturados de eso y dejamos de verla. No fue que no quisiéramos terminar de verla algún día, pero de momento no teníamos interés y buscamos otras series. Este año con la temporada final de Mad Men y todo el mundo hablando de ella, de lo impactante de cada capítulo y para no quedar afuera de todo eso me di cuenta que realmente no me importaba si alguien me spoileaba algún capítulo. El siguiente paso fue ir a las páginas de reseñas y leer lo acontecido en cada capítulo más que nada por una curiosidad de saber cómo iba encaminándose la historia hacia el final. Es en parte también ridículo: buscar el spoiler por el spoiler en sí, saber cómo sigue la historia sin disfrutarla en su transcurso.

sansa

Hoy me desperté y me enteré que el episodio de ayer de Game of Thrones fue tremendo. Leí cuatro de los cinco libros (del 2do al 5to dado que al haber visto la primera temporada consideré innecesario leer el primer libro) y de la temporada actual no vi todavía ni un solo episodio. Pero quería saber qué pasó anoche así como la semana pasada leí todo lo referente a *SPOILER* la violación de Sansa Stark.*SPOILER*

¿Por qué hice eso? Porque la necesidad de saber de qué se está hablando en toda internet me resultó más acuciante que esperar a ver por mi mismo los episodios de esta temporada. Y la verdad que luego de haberme spoileado voluntariamente no siento ningún remordimiento. No me arruiné nada, no me siento vacío ni dolorido por esas piezas de ficción que voy a ver algún día y ya sabré de qué tratan.

Entonces pienso acerca del spoiler que no me molesta y el que sí me molestó, como el que leí de la novela de Gillian Flynn y me doy cuenta de que hay spoilers y spoilers. Un spoiler que devela una vuelta de tuerca que cambia las condiciones del relato es más fastidioso que uno que cuenta una escena en particular, una situación de una trama, una situación concreta. Y también depende el spoiler de quien lo profiere: un tweet de spoiler puede ser una porquería pero un artículo donde alguien se toma el trabajo de reconstruir una narración de otro autor y contarlo con estilo y gracia puede ser hasta productivo: nos ahorra horas de tiempo para ponernos al día con series y consumos.

En el teatro griego el público asistía a las funciones conociendo perfectamente las tramas: sabían que Edipo iba a matar a su padre y casarse con su madre. Eran relatos conocidos y por si algún caído de la cama llegaba al teatro sin saberlo, la mismas obra se encargaba de spoilearlo: el oráculo lo anunciaba y el público lo escuchaba y sabía que así sería. La gracia consistía en ver en acción a los personajes, verlos vivir esas escenas ya anticipadas, sufrir con ellos y al final de la obra permitirse la paz, la catarsis liberadora de las tensiones.

Teniendo en cuenta además que todos los relatos ya han sido escritos, que los géneros literarios-narrativos se tratan siempre de formas de repetir un esquema introduciéndole alguna particularidad propia, la idea misma de spoiler queda un tanto ridícula. A menos, claro, que se trate de alguna vuelta de tuerca que resignifique de forma radical una obra para reencauzarla hacia otro lado. Y aún así, creo que ese tipo de spoiler también debería dejar de importarnos.

Creo que los spoilers en la actualidad pueden empezar a dejar de importunarnos para convertirse en un poderoso aliado a la hora de mantenernos al día con los exigentes parámetros de esta época tan llena de grandes narraciones y tan poco tiempo para alimentarnos de todas ellas.

UPDATE 27 de julio de 2015: En esta simpática página web se pueden ingresar las series que se están viendo o que se vieron y en segundos les calcula cuánto tiempo de sus vidas les insume: http://tiii.me/ Vale la pena probarlo.

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