People Who Eat Darkness de Richard Lloyd Parry (reseña)

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Es lamentable pero todos los días leemos acerca de crímenes brutales contra mujeres y sin embargo la historia del homicidio de Lucie Blackman que desarrolla Lloyd Parry en este non-fiction de ritmo thriller parece algo complemtamente diferente: Japón es un país donde no existe como en Occidente la criminalidad y en especial la violencia contra las mujeres por el sólo hecho de que sean mujeres. Es por eso que este libro se lee no sólo como un relato de este horrendo crimen de una joven inglesa que fue a vivir y trabajar a Tokyo y terminó en los rincones más oscuros y bajos del submundo nocturno de esa cautivante y extraña ciudad sino que el libro es un ejercicio fenomenal de construcción del contexto que permitió que el caso se diera como se dio, con una investigación mal hecha y un juicio al acusado que duró años. ¿Qué es Japón? ¿Qué es Tokyo? ¿Cómo viven los descendientes de coreanos en Japón? Son todas preguntas que no me había hecho antes de tomar este libro y que el relato profesional y exhaustivo de Lloyd Parry, periodista inglés corresponsal en Japón desde hace décadas, desgrana con precisión quirúrgica. Las preguntas son pertinentes y las respuestas son completas y bien documentadas. El autor entonces intenta descifrar nuevos enigmas luego de ir estableciendo esas primeras respuestas: ¿Cómo pudo haber pasado en Japón algo así si es un país con uno de los índices de criminalidad más bajos del mundo? ¿Por qué la policía fue tan inútil para investigar el caso? Pero no sólo estos aspectos son abarcados por el texto del periodista sino que además ocupa buena parte de su voluminosa obra para desarrollar las consecuencias en la familia y los amigos de la víctima de un crimen brutal, los estafadores que intentan aprovecharse de la desesperación de ellos, los medios de comunicación sensacionalistas tergiversando los hechos y sobretodo el modo en que cada uno de los involucrados logra seguir con su vida luego de un hecho tan brutal.

El libro entonces hila con maestría una composición acerca de la sociedad japonesa y sus costumbres tan extrañas a Occidente con un trasfondo de una historia de profundo dolor, pérdida y amor.

Narrativas zombie de segunda generación

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Hace un tiempo me pidieron una reflexión acerca del tema de los zombies en la cultura popular y luego de darle algunas vueltas en la cabeza a un tema que nunca me resultó particularmente atractivo logré entender qué es lo que a mi parecer subyace en la obsesión contemporánea por el tema de los muertos vivos come-cerebros. Cada época histórica plantea sus monstruos de preferencia; aquellos que se ponen de moda y alrededor de los cuales todas las narrativas parecen girar. En los años 90 se pusieron de moda los vampiros: desde Drácula de Francis Ford Coppola a los vampiros de Entrevista con el vampiro y la saga de novelas de Anne Rice a los juegos de rol de Vampiro: La mascarada y sus sucesivas adaptaciones a videojuego.

El vampiro como ese seductor que esconde detrás sus colmillos afilados para chupar la sangre funcionaba como una representación simbólica de la seducción del capitalismo neoliberal, implacable ante la caída de la Unión Soviética. La idea del parásito que chupa sangre siempre estuvo asociada al capitalismo y el neoliberalismo con sus promesas de “goteo” de riquezas y un futuro mejor perfectamente se adecuaba a la forma estilizada y seductora del vampiro encarnado en un Brad Pitt o un Tom Cruise en la adaptación de la novela de Rice.

La primera generación de narrativas zombie

Luego de esa explosión de la seducción del vampiro empezamos a ver como la temática zombie que había explotado con The Night of the Living Dead de George A. Romero en 1968 y que había tenido su ciclo de oro en el cine clase B comenzaba una lenta instalación en el imaginario popular y el zombie se convertía en el “monstruo de moda”.

Los videojuegos (Resident Evil, 1996 y sus sucesivas continuaciones pero también los modos de juego “zombies” en la saga Call of Duty, Rising Dead, Deadlight, Dead Island y cientos e innumerables otros videojuegos con zombies), las películas (28 Days Later, 2002 y luego la remake de Dawn of the Dead, 2004 y varias más incluyendo semi-parodias como Zombieland o Dead Snow con zombies nazis), las series de TV (Dead Set, 2008 y por supuesto The Walking Dead, 2010 – actualidad) y la literatura (trilogía Newflesh de Mira Grant, 2010-2012) se llenaron de zombies, la Zombie Walk (cuya primera expresión data del año 2000) pasó a ser una expresión global y casi institucionalizada.

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Los zombies se pusieron de moda y desplazaron a los vampiros que tuvieron su leve revival de la mano de la saga Twilight de Stephanie Meyer. Pero si consideramos las novelas de Meyer como literatura romántica excluimos a los vampiros y los hombres lobos que habitan sus páginas dentro de la idea del monstruo como representación simbólica de algún temor o angustia social. Sigue leyendo