Los chicos que faltan parte II

Continuando con el análisis y reseña de novelas policiales con tramas que implican la desaparición de niños, reseña de In Bitter Chill de Sarah Ward.

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Encontré esta novela a través de una recomendación de BookDepository y no me pude resistir. Como ya es costumbre en el género, es la primera novela de una saga. Además, su autora es una gran reseñista de novelas policiales, por lo que tiene ese interés especial de saber uno que está leyendo a alguien que realmente ama el género.

La novela en sí tiene buenas intenciones, un buen misterio y una más que razonable resolución pero que sin embargo falla en la construcción del momento en el que se produce la revelación final.  El misterio es acerca de dos niñas que desaparecieron hace veinte años. Una de ellas regresó y nunca supo qué fue lo que sucedió más allá de que una mujer las secuestró y las subió a un automóvil a ambas y a la otra nena nunca la encontraron. A partir del suicido de la madre de la nena que nunca encontraron en el presente narrativo (es decir, pasados esos veinte años) se desencadena una investigación que va por dos carriles: la policía y la nena que sí volvió. La premisa es poderosa y le permite al relato sostenerse bastante bien, aunque tiene sus fallas.Si una novela fuese un edificio diría que esta tiene buenos cimientos pero que una vez establecidos los constructores optaron por hacer las paredes con durlock: son eficientes, el edificio se sostiene pero la calidad podría ser mejor.
Quizás el problema fue un exceso de ambición, un intento de abarcar demasiado en un debut novelístico que insisto, como thriller tiene buenas herramientas que lo convierten en un “page-turner” fenomenal, pero que produce el efecto de esas películas que mientras uno las está viendo le parecen intensas e inteligentísimas pero que con el correr de las horas desde que la pantalla funde a negro empiezan a mostrar sus agujeros y sus baches. Lo mismo sucede con esta novela: intensa lectura, muy entretenida, buenos personajes que quedan establecidos para la continuación de la saga pero el modo en el que estos buenos personajes van descubriendo la trama oculta resulta necesariamente forzada y exige un grado de “suspension of disbelief” que supera lo tolerable.
Ese coqueteo con el exceso se ve claramente en el prólogo y en el epílogo, de una página o dos cada uno: están escritos en un estilo mucho más barroco que el resto de la novela y también mucho más pretencioso. Es una lástima que partiendo de un misterio inquietante y una buena idea la narrativa termine diluyéndose en una investigación policial y amateur demasiado forzada.

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