Los chicos que faltan parte IV

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Con paso lento pero firme sigo con mis reseñas de novelas policiales con argumentos que giran en torno a la desaparición de niños (pueden ver mis entradas anteriores: parte I, II y III).

En esta oportunidad le toca el turno a Disapearance At Devil´s Rock de Paul Tremblay (de quien ya reseñé hace poco su gran novela A Head Full of Ghosts) con lo que el género, si bien contiene elementos del policial, se acerca más al terror. El argumento de todos modos habilita a tomar la novela en esta serie: una noche desaparece un adolescente en un parque. Lo extraño es que el chico no estaba solo sino acompañado por otros dos amigos. Ese es el momento inicial de una novela que se construye con cierta lentitud, con un narrador que va retaceando información con el objetivo final de la construcción del misterio. Este método que me parece más logrado en la anterior novela de Tremblay que leí, cumple una función fundamental para la construcción del fantástico y hacerlo parte del misterio. Porque dijimos que esta novela entra dentro del género del terror y para hacerlo se vale de las herramientas del género fantástico. Esa es una característica que más disfruto de los libros que leí de Tremblay: su construcción del terror se asienta sobre la base de la sospecha, lo ambiguo, lo indefinido, en pocas palabras, exprime la definición del fantástico que señala que debe ser un tipo de relato donde la experiencia sobrenatural puede encontrar tanto una explicación de ese mismo orden (es decir, sobre-natural, por fuera de lo natural) pero también una explicación racional. Jugar en esa ambigüedad, considero personalmente, es el más riesgoso de los juegos literarios porque mantener el equilibrio entre explicaciones racionales y sobrenaturales mucha precisión; cualquier mínimo desvío termina generando una explicación absoluta para uno o para otro lado (por lo general, sobrenatural). 

Ahora, es precisamente por culpa de ese juego de ambigüedad que plantea el narrador que hay algunos momentos de la novela que parecen pedir demasiado suspension of disbelief del lector: la investigación policial de la desaparición del adolescente no podría ser peor; la mujer policía encargada de la misión tiene algunos pequeños pasajes de construcción de personaje pero termina quedando relegada a un segundo plano y parece así un retrato incompleto e innecesario; los amigos del adolescente desaparecido ocultan demasiadas verdades durante demasiado tiempo sin ningún motivo demasiado creíble dadas las circunstancias.

La novela se centra por el contrario en la desesperación de la familia (madre y hermana, el padre falleció años atrás en un accidente de tránsito) por encontrar respuestas a la desaparición del chico. Son esos los momentos quizás más logrados porque con la excusa de la desesperación y el dolor muchos de los hechos sobrenaturales encuentran una explicación lógica dejando lugar todavía a otros que no la encuentran, balanceando perfectamente la lógica del género fantástico.

Quizás lo que hay también en la novela es cierto exceso de personajes y situaciones secundarias que son planteadas y parecen no terminar de conducir a ningún lado en concreto: específicamente toda la subhistoria de la relación fallida entre los padres del chico desaparecido. Era un material con un potencial muy rico (incluso se llega a plantear, casi al pasar, que a la madre la opinión pública la condena por la desaparición de su hijo porque la ve responsable de su fracaso familiar) que apenas es un elemento más que se suma al contexto general de los personajes pero nunca se profundiza.

En cuanto a los elementos del terror y el fantástico hay presencia de doppelgänger, fantasmas, posibles posesiones satánicas, y terrores más reales como abusadores de menores.

Tremblay por otra parte demuestra buen manejo del registro adolescente: los personajes juegan Minecraft y divagan acerca de zombies y otras ideas típicas de chicos de doce o trece años en la actualidad.

El balance de la novela es positivo: un terror que se va construyendo capa a capa, un misterio principal y algunos diversificados a partir de éste que se van acoplando como capas sucesivas para brindarnos el final sorpresivo al que nos tiene acostumbrados Tremblay.