Mi vecino el asesino serial

Una historia digna de novela policial

El asesino es el jardinero. ¿Cuántas novelas policiales clásicas terminaron con esa revelación? El tópico del asesino revelándose finalmente como el mayordomo, el jardinero, el pintor o cualquier otro trabajador es típico de las novelas de comienzos del género policial donde la víctima perteneciente a la aristocracia o la alta burguesía era asesinada por algún proletario. No había una expresión directa de odio de clase, pero ese miedo a la rebelión de los de abajo estaba presente entre líneas.  Lo cierto es que este escenario ficcional ahora se estaría cumpliendo y no como el argumento de una novela más o menos mala sino como una realidad.

Todo comenzó hace poco más de una semana en esta ciudad, Toronto, Ontario, Canadá, con la sorpresiva detención de Bruce McArthur, un jardinero de 66 años y aspecto jovial, en relación a la desaparición de dos hombres en la Gay Village, un vibrante barrio en el medio del Downtown que es albergue de la comunidad homosexual de la ciudad y por cuya calle principal (Church Street hasta Wellesley Street) todos los años se realiza la marcha del Orgullo Gay.

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Bruce McArthur, acusado de cinco asesinatos y sospechoso de otros sin especificar todavía. (Facebook/Canadian Press)

El arresto de McArthur fue rápido y sorpresivo: hasta el momento la Policía parecía no tener ninguna pista firme acerca de los paraderos de Andrew Kinsman quien desapareció el 26 de junio del 2017 y Selim Esen de quien nada se sabe desde el 14 abril de 2017, ambos vistos por última vez en la Gay Village y sus inmediaciones.

Las desapariciones de ambos hombres, sumados a otros casos de hombres desaparecidos del barrio gay desde por lo menos el años 2010 y el asesinato este año de una prostituta y una mujer trans, ninguno de cuyos casos fueron resueltos, sumó presiones a una relación que venía tensnándose entre la comunidad gay de la ciudad y el departamento de Policía de Toronto.

“No hay un asesino en serie en la ciudad” Jefe de Policía de Toronto Mark Saunders, viernes 8 de diciembre de 2017

La Gay Village está enmarcada por la cercanía de un cruce de las dos calles principales de esta ciudad Bloor y Yonge St. Para mis lectores de Buenos Aires, esta intersección sería casi como el Callao y Corrientes de esta ciudad. Allí fue donde fue visto por última vez Esen y es la esquina de donde estoy viviendo actualmente. Un rápido paseo por las calles aledañas (Charles St. E, Haydn St., etc.) permitían ver hasta hace pocas semanas carteles de Missing Person con los rostros de Kinsman y Esen.

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La línea roja marca la extensión de la Gay Village. La X marca la intersección de Bloor St. y Yonge St.

La Policía sin embargo y pese a la coincidencia en el tiempo, lugar y situaciones de la desaparición de estos hombres, sumados a las desapariciones anteriores, había descartado la posibilidad de que la ciudad se encontrase acechada por un asesino serial. Ahora parece más claro que esa afirmación fue hecha con la intención de no seguir alentando el temor de la población o bien de no arruinar la pista que había comenzado a seguir de McArthur.

La sorpresa del 18 de enero

Pero entonces el 18 de enero se produjo el arresto del jardinero y todo lo que pensábamos saber acerca del asesino del barrio Gay cambió.

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Sin recuperar cadáveres hasta ese momento, el jardinero fue arrestado y acusado de los asesinatos de Kinsman y Esen. La sorpresa fue mayor: la familia del hombre salió a declarar que era incapaz de matar una mosca y un matrimonio del barrio de East York, casi en las afueras de la ciudad y en cuyo jardín McArthur venía trabajando desde hacía años también se mostró incrédulo. Pero el siguiente paso de la Policía fue cercar la propiedad de ese matrimonio y comenzar a excavar en su jardín.

McArthur había llegado a un arreglo: ellos le prestaban un cobertizo que necesitaba para guardar sus herramientas de trabajo y a cambio él les iba a podar el césped periódicamente. Ese trato inicial luego se convirtió, sin previo aviso, en el arreglo floral de todo el jardín. Los dueños de casa no se quejaron: les gustaba cómo McArthur había transformado su jardín. Lo que no sabían era que entre las macetas de las flores que plantaba se encontraban restos descuartizados de cuerpos humanos.

Desenredando la madeja

 

El sorpresivo arresto del jardinero escondía una trama que la Policía ha ido develando de a poco en la semana y media que ha transcurrido desde entonces. Sabemos ahora que el 3 de octubre del 2017 la Policía llegó a un chatarrero de autos donde McArthur había vendido por muy poco dinero su Dodge Caravan. El comprador se había sorprendido de que McArthur no hubiera regateado el precio de venta, lo que le confirmó a la Policía la intención de deshacerse del vehículo que encontraron todavía intacto. Según fuentes, habrían luego encontrado rastros de sangre en el vehículo. Inmediatamente el jardinero se convirtió en el principal sospechoso de las desapariciones de la Gay Village.

El hombre tenía, además, un antecedente criminal cuando en el año 2001 atacó con un caño a otro hombre. Por este crimen fue condenado a dos años en libertad condicional, su perfil ingresado en una base de datos de agresores sexuales y se le prohibió acercarse al barrio gay. Sin embargo, esta última prohibición parece no haber sido efectiva dado que el jardinero era conocido por andar por los bares del barrio. La Policía también pudo establecer en este tiempo que McArthur y Kinsman habían tenido una relación y que se había relacionado entre 1999 y 2008 con Skandaraj Navaratnam, quien desapareció en 2010.

A pesar de toda esta información con la que ya contaba, en sus comunicaciones con la prensa, la Policía seguía negando que estuviésemos frente a un asesino serial o que incluso las desapariciones de Kinsman y Esen estuviesen relacionadas con los otros casos de desapariciones y asesinatos en el barrio gay.

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Bruce McArthur. Foto de su cuenta de Facebook.

Luego del arresto y los allanamientos en las propiedades donde McArthur estuvo trabajando como jardinero tuvimos unos diez días sin nuevas noticias hasta ayer, 29 de enero cuando la Policía lo acusó de tres asesinatos más, todos ellos pertenecientes a los casos sin resolver que se venían investigando desde 2012, y además dejaron abierta la posibilidad de acusarlo por nuevos casos en el futuro.

Hoy 30 de enero la noticia fue que se encontraron restos humanos sin identificar en el jardín del matrimonio de East York donde McArthur utilizaba el cobertizo a cambio de los arreglos del césped y que el arresto se produjo porque la Policía que venía siguiendo al sospechoso irrumpió en su departamento cuando observó a un hombre joven entrando con él. Creyéndolo en peligro, los oficiales irrumpieron y posiblemente le salvaron la vida: el joven se encontraba atado a la cama y en el departamento de McArthur se encontraron fotografías de algunas de sus supuestas víctimas.

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Los cinco casos de asesinato por los que se acusa a McArthur hasta el momento, de izquierda a derecha: MAJEED KAYHAN (desaparecido desde octubre del 2012), SOROUSH MAHMUDI (desaparecido desde el año 2015), DEAN LISOWICK (presuntamente asesinado entre mayo del 2016 y julio del 2017), SELIM ESEN (desaparecido el 14 de abril de 2017) y ANDREW KINSMAN (desaparecido desde el 29 de junio de 2017)

Y así estamos al día de hoy. Sin dudas en las próximas horas conoceremos más detalles de este caso que ya es considerado el más monstruoso que haya conocido esta ciudad que por otra parte se ufana de ser una de las más seguras del mundo.

Los mantendré al tanto acerca del desarrollo del caso de mi vecino, el asesino serial.

 

 

La biblioteca pública de Toronto

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Sin lugar a dudas una de las experiencias que me han cambiado totalmente desde que vivo aquí en Toronto es mi relación con la compra de libros. Siempre fui un comprador casi compulsivo de libros. Esto quiere decir que si pasaba por una librería y veía en vidriera un libro que me llamaba la atención lo compraba inmediatamente o quizás me lo guardaba en la cabeza para comprarlo lo antes posible, no fuera a ser que el libro se agotara a o desapareciera de las estentarías por algún motivo. Ese comportamiento impulsivo siempre fue peor en mí con las librerías de saldo porque como sabemos es posible que allí encontremos efectivamente libros que quizás mañana ya no estén disponibles.

Esta compulsión a comprar libros me fue haciendo cultivar una biblioteca de unos dos mil ejemplares que tuve que distribuir entre la casa de mis padres y los departamentos donde me fui mudando solo o acompañado de parejas. Y sin dudas una de las decisiones más difíciles que tuve que tomar antes de venir para aquí fue comenzar a vender y deshacerme de cientos de libros que no podía traerme ni tampoco tenía dónde dejar (la casa de mis padres ya estaba saturada de mis libros). Sigue leyendo