El Flatiron Building de Toronto

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Ayer domingo y antes del Family Day que es un feriado muy importante por aquí decidimos salir a pasear aprovechando un inédito sol y el derretimiento de la nieve.

Nos dirigimos al Distillery District donde hay por los meses de invierno una exposición de esculturas con luces y de camino nos detuvimos a observar el Gooderham Building o el “Flatiron Building” de Toronto, una de las vistas más emblemáticas de la ciudad.

Terminado de construir en 1892 el Goodeheram Building no es ni una imitación del famoso “Flatiron Building” de Nueva York (que se terminó de construir en 1902) ni nada parecido sino un edificio más en una extraña tendencia arquitectónica de fines del siglo XIX que consitió en la edificiación de estas estructuras con formas triangulares (aquí hay un listado de algunos de estos edificios en América del Norte).

El Goodheram Building fue construido por la familia Goodheram que a la vez fue la fundadora de la distilería a pocas cuadras de su locación. Esa distilería ya no funciona y es hoy en día un pequeño conjunto de callejuelas interconectadas que se conoce como Distillery District: una zona arreglada y reciclada que sin embargo mantiene su encanto antiguo y es un paseo muy bonito para respirar un poco del aire del Toronto de principios del siglo XX. La distilería en sí misma alberga hoy negocios exclusivos, cafés y sí, también hay una distilería moderna entre sus callejuelas aunque no de la magnitud de la antigua.

A espaldas del Goodheram Building se ubica el Berczy Park, una pequeña plazoleta desde donde es posible verle la parte trasera al edificio, decorada con una obra de arte del artista canadiense Derek Michael Besant.

 

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The Flatiron Mural del artista Derek Michael Besant. 

Si van a pasear por Toronto no se pierdan de pasar por aquí. La dirección es: 49 Wellington St. E, Toronto, ON.

 

Sangre por la herida: Capítulo 11

Leer Capítulo 01: El .38

Leer Capítulo 02: El charquito

Leer Capítulo 03: Los monoblocks

Leer Capítulo 04: El cajamarquino

Leer Capítulo 05: El lápiz labial

Leer Capítulo 06: La maza y el televisor

Leer Capítulo 07: El cuerpo

Leer Capítulo 08: La noche

Leer Capítulo 09: Un hoyo en la tierra

Leer Capítulo 10: La pala

Resumen hasta aquí

Luego de descubrir la sorpresa que el Inca Ayala les había preparado, Mario Quiroz reacciona asesinando a Milton Mamani y enterrándolo en la tumba que habían destinado para Lucía. Entonces, cuando creía que estaban momentaneamente a salvo, el ruido de un motor a la distancia indica que los Hermanos Flores, lugartenientes del capo narco peruano están llegando para sumarse a la fiesta.

Capítulo 11: La noche roja

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Sólo hay dos escenarios posibles para lo que va a suceder dentro de minutos: o bien los hermanos Flores se dan cuenta de que el cadáver en la tumba no es el de Lucía sino el de Milton o no se dan cuenta.

Lucía me hace caso y se escabulle en la cabina de la camioneta en el asiento del acompañante.

La Range Rover de los Flores atraviesa el campo y se detiene a unos veinte metros de la tumba de Milton. Tomo la pala y me dirijo al baúl de la camioneta intentando aparentar tranquilidad pese a que me tiembla la mano. Guardo la herramienta y le digo rápidamente a Lucía que no se exponga y siga mis órdenes. Sigue leyendo

Sangre por la herida: Capítulo 10

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Luego de una larga noche, por fin Mario Quiroz y Milton Mamani se disponen a enterrar el cadáver de Lucía Zabala. Entonces un hecho inesperado lo cambiará todo.

Capítulo 10: La pala

 

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Sacamos paladas de barro y pasto.
— No muy profundo — dice Milton.
No lo escucho y sigo cavando y ahora me siento como un maniaco, doy paladas y paladas sobre la tierra humedecida. Ya no sale barro sino una tierra cuajada con raíces débiles. La mano de Milton se apoya sobre mi pecho.
— Ya está amigo. Hasta ahí.
Pero quiero seguir cavando. Por lo menos un metro más. Me paso la manga de la camisa por la frente y queda empapada. Es hora de terminar con esto.
Me siento sobre el montón de tierra excavada y respiro hondo. Milton tapa con la mano en posición cóncava el cigarrillo y lo enciende luego de dos o tres intentos.
— Es hora de bajarla — me dice. Sigue leyendo