El judaísmo urticante de Shalom Auslander

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Antes de llegar al primer tercio de su novela Hope: A Tragedy, Shalom Auslander pone en boca de su personaje el Profesor Jove la siguiente frase que sintetiza perfectamente toda la novela: “Cuando aparece alguien que promete que las cosas van a mejorar, corré. Escondete. Los pesimistas no construyen cámaras de gas.”
El título lo dice claramente: la esperanza es una tragedia. Y la novela en sí mismo es una tragedia, sería insensato el lector que buscara encontrar algo diferente.

Shalom Auslander (Monsey, New York, 1970) que proviene de una familia judía ortodoxa y que contó cómo se fue desencantando con la religión en su libro de memorias Lamentaciones de un prepucio despliega en su primera novela (la menciona Hope: A Tragedy) no sólo su gran capacidad narrativa sino que también se convierte en una de las plumas judías más interesantes de la actualidad. ¿Qué se obtendría de meter a los enemigos íntimos Philip Roth y Woody Allen en una licuadora? la narrativa de Auslander.

“La esperanza arruina a los hombres” señala constantemente la novela y para peor no duda en meter el dedo en la llaga: “Hitler era un optimista.” El dictador alemán no sólo creía en la posibilidad de alcanzar una Solución sino que en un derrame de optimismo creía que esta iba a ser una solución Final, definitiva. Sigue leyendo

¿Quién es quién?

Hoy estaba buscando una nota que escribí en mayo del año 2009 para Radar Libros, el suplemento cultural de Página/12 y encontré que borraron el acceso a notas de archivo.

Es realmente una pena porque hay mucho material y muy jugoso que sería una pena que se pierda.

Gracias a la asistencia de un amigo de Twitter logré entrar en el caché de la página y rescatar la nota que estaba buscando. La copio textual aquí como salió el 31 de mayo de 2009 en Radar Libros. Es una de las notas que más me gustó escribir, de las que más me acuerdo y que más me interesa por sus implicancias.

Aquí va:

libros

DOMINGO, 31 DE MAYO DE 2009

DEBATES >

Quién es quién

En los primeros días de mayo, John o Ivan Demjanjuk –Iván el Terrible de Treblinka– fue extraditado desde los Estados Unidos a Alemania, y todo parece indicar que finalmente será juzgado por sus crímenes como ex SS y guardia de varios campos de concentración nazis. Cabe recordar que fue juzgado y finalmente absuelto en Israel por las dudas sobre su identidad generadas en el proceso de extradición. Su figura vuelve a plantear las preguntas que a su manera intentan contestar Operación Shylock de Philip Roth y la reciente El lector, la película basada en el libro de Bernhard Schlink.

 Por Alejandro Soifer

En Operación Shylock, novela de Philip Roth de 1993, se planteaba un interrogante que

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Desayuno a bordo de Demjanjuk durante su vuelo desde Tel Aviv hacia Nueva York, el 22 de septiembre de 1993. El 12 de mayo de este año John Demjanjuk, proveniente de los Estados Unidos fue trasladado en camilla desde el aeropuerto de Munich hacia una prisión alemana.

puede llegar a ser aterrador: ¿quién es quién realmente? Estaba hablando de John Demjanjuk, un presunto criminal nazi que luego de la guerra se exilió en los Estados Unidos llevando una tranquila vida como mecánico de autos en Ohio. Entre 1986 y 1988 Demjanjuk fue juzgado en Israel sin saberse nunca del todo si era o no el asesino buscado. Roth se prendía del trasfondo del juicio para plantear su pregunta incómoda e iba más allá con un juego de desidentificaciones en el cual el narrador de la novela se llamaba Philip Roth y era un escritor norteamericano-judío exitoso que se encontraba un día con otro personaje que se hacía pasar por él para predicar el “Diasporismo”, un presunto movimiento político para que los judíos israelíes volvieran a sus hogares de la diáspora europea. Este movimiento sostenía el error de la constitución del Estado de Israel basado en la expropiación de tierras a los palestinos y la generación de un nuevo antisemitismo como consecuencia de la profunda violencia que significó y significan para los árabes las políticas israelíes en Medio Oriente. La otra idea filosa que predicaba el Philip Roth doble del Philip Roth narrador era que la diáspora judía actual suele mirar al costado cuando se trata de examinar los excesos del Estado de Israel y justificarlo casi ciegamente en su necesidad de existencia basados en una extenuación de la significación del Holocausto.

En un pasaje intenso, el Philip Roth doble argumenta que Israel se debe a la institucionalización del Holocausto, que justifica a ojos del mundo el militarismo expansionista israelí: “¿Qué es lo que justifica que no se desaproveche ninguna oportunidad de extender las fronteras de Israel? Auschwitz. ¿Qué justifica el bombardeo de la población civil de Beirut? Auschwitz. ¿Qué justifica que se les machaquen los huesos a los niños palestinos y que se les vuelen las extremidades a los alcaldes árabes? Auschwitz. Dachau. Buchenwald, Belsen. Treblinka. Sobibor. Belsec”, argumenta enajenado el doble del narrador.

De fondo, el relato avanza con la narración del juicio a Demjanjuk. La justicia de un país vencedor, la justicia de los vencedores, la Primera Intifada palestina y la idea del diasporismo confluyen en la novela generando un intrincado juego de espejos. ¿Quién es quién?

John o Ivan Demjanjuk nació en 1920 en Ucrania cuando ésta era parte de la Unión Soviética. Se sabe que se ofreció voluntariamente como colaborador de los nazis y aquí es donde se pierde el rastro de su verdadera identidad.

En 1977 la comisión de inmigración de los Estados Unidos donde Demjanjuk se había radicado luego de terminada la guerra comenzó a investigarlo sobre la base de haber mentido acerca de su afiliación a las SS en su petición de ciudadanía y el testimonio de ex prisioneros del campo de concentración de Treblinka que lo habían reconocido, a través de fotos, como Iván el Terrible, guardia recordado por ser dueño de un sadismo descomunal. La extradición bajo la acusación de ser Iván el Terrible, fue concedida a Israel en 1986.

La fiscalía israelí contaba con pocos datos testimoniales con que avalar la acusación más allá de una tarjeta de identificación con la foto de Demjanjuk de aquella época, firmada por oficiales nazis a nombre de un tal Iván Grozny. Los estudios de peritaje certificaron la validez de la identificación. Sin embargo algunos testimonios de sobrevivientes aportaron pocas certezas ya que presumiblemente el guardia conocido como Iván el Terrible habría muerto en una revuelta durante los últimos días de la guerra. Este dato no había podido ser comprobado. La corte lo encontró culpable de ser Iván el Terrible junto con los crímenes que a éste se le atribuían y en 1988 lo condenó a muerte. Pero en 1993 la condena le fue retirada por la Corte Suprema de Justicia de Israel tras la presentación de nuevas pruebas. Varios testimonios de ex oficiales nazis aseguraban que el verdadero nombre de Iván el Terrible era Iván Marchenko y que los oficiales estadounidenses que intervinieron en su extradición omitieron a propósito el dato complicando las posibilidades de defensa del acusado.

En 1998 Demjanjuk recuperó su ciudadanía estadounidense sobre la base de haberle sido retirada bajo una falsa acusación. En 2004 le retiraron nuevamente la ciudadanía estadounidense y en 2005 un tribunal de inmigración recomendó su extradición a Ucrania, Polonia o Alemania, a lo que Demjanjuk antepuso un recurso legal para que se considerara su extradición como “tortura” dada su edad y condición de salud. La sentencia de extradición quedó firme en 2008 y un fiscal alemán se propuso juzgar a Demjanjuk por su responsabilidad en la muerte de por lo menos 29.000 judíos en el campo de exterminio de Sobibor, formalizando una acusación en abril de 2009. La extradición hacia Alemania se concretó entre el 11 y el 12 de mayo de este año, con el acusado siendo trasladado en camilla y con tubos de oxígeno.

¿En qué medida todos estos movimientos son una forma de espectacularización del accionar legal? La persecución de unos pocos criminales nazis fácilmente reconocibles y cuyo sadismo y obstinación en cumplir su tarea de exterminio tapa la realidad de todos esos seres grises, esos tipos pequeños que durante la guerra operaron de forma automática, sin preguntarse la moralidad de sus acciones y bajo un código legal que permitía sus crímenes. El reciente estreno de la película El lector, basada en la novela de Bernhard Schlink, apunta a ese mismo conflicto: ¿cómo juzgar a una persona que no hizo el mal por pasión ni por cálculo sino por costumbre, por obligación? La pregunta es respondida de forma divergente en las novelas de Roth y Schlink.

En Operación Shylock la pregunta es atormentadora porque se sabe que quien está en el banquillo es un criminal horrendo y el narrador incluso se encuentra frente a su hijo, a quien, perdido en una ensoñación diurna, se plantea matar o secuestrar y vengarse así de todas esas víctimas que no tenían la posibilidad de hacerlo. En El lector se plantea como una trampa sentimental. El criminal es humano y eso es lo más perturbador, tal como comprobaba Hannah Arendt en su clásico estudio-trascripción sobre el juicio de Eichmann en Jerusalén.

El Demjanjuk de Roth es el mismo viejito indefenso que hoy, casi 20 años más tarde, vemos entrar en camilla a la prisión alemana, pero el de hoy no es ya el Demjanjuk—Iván el Terrible, equívoco por el cual casi se lo condena a muerte. El poder del Estado de Israel, también construido en el imaginario de los judíos en la diáspora sobre esa exacerbación de todo lo relacionado con el Holocausto, aparece tematizado en la posibilidad de una justicia que en el caso de Eichmann fue entendida por muchos como una simple venganza.

Las vueltas del caso Demjanjuk son interesantes para comprobar cómo ese mismo Estado pudo quitarse el lastre de vengador y colocarse del lado de la justicia: “Si no era el que creíamos que era, pero igual era un nazi, no debemos juzgarlo por haberlo sido”, parece haber sido el razonamiento. En El lector se vuelve al tópico del juicio contra el criminal menor: ¿qué hacer con la obediencia debida? ¿Qué hacer con los criminales menores que actuaron porque el clima de época imponía necesariamente esa legalidad y esa forma de conducta? Pero sobre todo, ¿qué hacer con nuestros padres, con nuestros amantes, con nuestros vecinos que torturaron, mataron y violaron?

La persecución alrededor del mundo de estos criminales acaso aparezca como la reparación de una justicia que no se produjo en su momento, en el momento del triunfo, en el que juzgar a un ejército vencido en su conjunto hubiera sido absolutamente imposible. Es ahí donde se produce el problema con el nazismo y con los genocidas: su accionar fue tan programado y meticuloso que no habría casi forma de pertenecer al régimen sin haber cometido un terrible acto contra la humanidad.

John o Iván Demjanjuk está en Alemania ahora y todo parece indicar que finalmente será juzgado por sus propios crímenes. “El Estado no puede ajustar sus actos a ninguna ideología moral. El Estado actúa según sus propios intereses” dice un personaje de la novela de Roth, a lo que le responde el narrador: “Pues entonces preferiría que no hubiera estado”, al que a su vez le responden entre risas: “Ya lo intentamos y no salió muy bien”. Permitámonos desear un desenlace mejor para esta historia. Las preguntas igual van a seguir abiertas.

Biblioteca virtual del GCBA

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El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está implementando una especie de “biblioteca virtual” en la vía pública. De momento sólo vi el afiche en una parada del 109 frente a la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA, al borde de la Plaza Houssay.

Los títulos son todos libros en dominio público (obviamente) aunque hay llamativa falta de clásicos de literatura argentina o latinoamericana.

De cualquier modo, la iniciativa merece ser celebrada.

El mecanismo para acceder a los libros es sencillo: se debe escanear el código QR del que se desee con el teléfono y de ese modo se iniciará la descarga del archivo en formato PDF y sin protección anticopia, por lo que son fáciles de abrir y leer.

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También se puede consultar el catálogo completo ingresando en esta página.

¿Saben de otros puntos de la ciudad donde se puedan descargar los libros? Indíquenlo en los comentarios.

Algunos problemas del género policial en la Argentina (2da parte)

La semana pasada plantee algunas cuestiones respecto del género Policial en la literatura Argentina que podrían resumirse en una cuestión de nombres: ¿por qué hablamos de “género policial” y no de “género de crimen” o “género de misterio” como en los países anglosajones que inventaron precisamente el género?

Pero la problemática que debe enfrentar el género en nuestro país tiene otras aristas que también deben ser consideradas.

Chandler

En principio me gustaría retomar las famosa caracterización de Dashiell Hammett y su literatura por parte de Raymond Chandler en The Simple Art of Murder. Dice el “alumno” de su maestro que: Sigue leyendo

Algunos problemas del género policial en la Argentina (1era parte)

the killers

Hace casi dos años, invitado a la primera edición del festival de novela policial “Córdoba Mata” y mientras estaba sentado en una mesa redonda junto a otros escritores en Mina Clavero, el organizador del festival, Fernando López, contó una anécdota interesante acerca de cómo le había costado ponerle un nombre al Festival.

Por lo general los festivales de novela policial en España e Hispanoamérica llevan por título el nombre de la ciudad donde se alojan y el adjetivo “Negro” o “Negra” como modificador: Buenos Aires Negra (BAN!), Medellín Negro, Semana Negra de Gijón, etc.

El problema que había tenido López era que al decir “Córdoba Negra” y por el dialecto típico de la provincia mediterránea, se generaban las condiciones para una confusión: “negro” o “negra” es una forma amistosa de llamar a un amigo o amiga en Córdoba pero nadie lo asocia con el género policial.

Luego de darle vueltas el nombre del festival quedó entonces como Córdoba Mata y eso le trajo otros problemas con algunos patrocinadores que ya se habían comprometido como aportantes al evento cultural porque la perspectiva de quedar asociados con un un festival que implicara cierta “criminalidad” en su nombre no les gustaba para la imagen de sus marcas. Sigue leyendo

El problema de la chica muerta

End of a stripper

El fin de semana pasado vimos con mi esposa dos thrillers, un poco antiguas ambos, por Netflix. Además de tener ya varios años, las películas comparten lo que estuve pensando como “el problema de la chica muerta”.

La primera de esas películas fue Don´t say a word (2001) con Michael Douglas y la malograda Brittany Murphy.
Como thriller estaba bien y nada más.Al menos me hizo conocer la historia que desconocía de Hart Island en Nueva York, una isla que parece ser el modelo propicio para todo tipo de película de terror ya que allí se asentó una prisión, un reformatorio de menores y el cementerio público más grande del mundo con millones de cuerpos enterrados allí hasta la actualidad.

Recuerdo cuando salió esta película que había tenido intenciones de ir a verla al cine pero luego por algún motivo nunca fui y no la vi hasta el fin de semana pasado.

La otra película que vimos fue Malice (1993) con un elenco muy interesante y un nivel narrativo bastante similar a la anterior. Es decir, algunas sorpresas, algunas cosas bien hechas y una trama medianamente predecible y mediocre.

Pero vayamos al punto: el problema de la chica muerta. Sigue leyendo

Magos enmascarados y detectives

Doctor Strange

Hace unos pocos días salió el primer trailer de la muy esperada película de Doctor Strange, uno de los pocos personajes de las primeras líneas de Marvel que todavía no formaban parte del Marvel Cinematic Universe (MCU). Aunque no comparto la emoción del fandom que enloqueció con el protagónico de Cumberbach y la introducción del factor “magia” en el universo cinematográfico Marvel, me parece una buena oportunidad para reconstruir un poquito el camino por el cual tenemos detectives/superhéroes magos. Sigue leyendo