Déjalo ir / Libre soy

Déjalo ir

El camino del escritor hacia la publicación está lleno de obstáculos: escribir un texto que lo satisfaga, pulirlo y dejarlo presentable para mostrar, enviarlo a incontables concursos literarios, hacerlo llegar a algún editor con la esperanza de que decida leerlo y no dejarlo en la pila de originales que nunca serán ni siquiera hojeados (en este sentido, el mercado hispánico carece de ese elemento esencial en otros mercados: el agente literario que ejerce de nexo entre autor y editor) y luego si tiene talento (pero sobretodo suerte) y se le alinean los planetas de modo tal que ese original termine siendo considerado por un editor que decida que es editable (acumulación de milagros o de buena fortuna) volver a comenzar la rueda porque ningún escritor es escritor de un sólo libro.

Quisiera reflexionar un poco acerca del comienzo de ese proceso: la escritura de un libro. Pensemos en el género novela que es un género cerrado, fornido y que tranquilamente puede hacer un libro. Un escritor primerizo destina incontables horas de su vida intentando encontrar los espacios de tiempo disponibles para el proceso creativo, exprimiendo cada segundo que no utiliza en el trabajo del que vive, tiempo que decide no pasar con su familia o amigos o entreteniéndose con alguna de las incontables ofertas que tenemos actualmente para finalmente, luego de un tiempo, terminar de escribir esa primera novela.

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