Parte II Capítulo 04: La guerra de las galaxias se libra en Buenos Aires

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San George Lucas

Es 17 de octubre de 2011, estamos a menos de una semana de las elecciones presidenciales, pero adentro de la que seguramente sea la librería más linda del mundo, El Ateneo Grand Splendid, la multitud no celebra San Perón sino San George Lucas. Porque el genio detrás de la saga de ciencia ficción más popular del mundo lo hizo de nuevo. Con la salida de la edición en formato Blu-Ray de la saga completa de seis películas de su opus magno, Star Wars obviamente, ha conseguido que una vez más los fans se vuelquen desesperados a conseguir el paquete, aunque más no sea para poder insultar con más motivos los cambios que el director le ha introducido en esta nueva edición. La conversión de Yoda en efecto especial CGI en reemplazo del muñeco del Episode I: The Phantom Menace puede que vaya y pase, pero el agregado del grito de ¡NOOOOOOOOO! a Darth Vader en la escena donde el Emperador Palpatine tortura a Luke Skywalker en el Episode VI: The Return of the Jedi estuvo moviendo el avispero de la web durante meses desde que se filtró la noticia. A esta altura la gente no sabe si creer que Lucas está loco de remate o directamente está tan convencido de la genialidad de cada una de sus dudosas y criticadas decisiones respecto de la precuela de (1999-2005) que insiste en volver a repetirlas solo para mostrar que es el fucking amo y hace lo que le viene en gana. Teniendo en cuenta que el ¡NOOOOOOOOO! de Darth Vader en Episode III fue uno de los aspectos más odiados y parodiados por los fans, esta segunda hipótesis parece cobrar sentido.
Pero los fans que están acá no parecen interesarse por tales minucias. En principio porque siendo las siete de la tarde, horario anunciado por los organizadores para el comienzo de la presentación, la mayoría del público no sobrepasa los seis o siete años, jugando con sables láser de juguete, con máscaras del gran Lord Sith, vestidos de negro, y algún que otro más sofisticado fan de Bobba Fett con sus cascos que en proporción les representan un cuarto de su cuerpo, colgando flojos sobre sus cabecitas.
Por un momento, mientras merendaba en La Farola, creí ver a Darth Vader, Chewbacca o algún Storm Trooper caminando por la calle rumbo a la librería. Pero los fans locales, agrupados según su identificación con los rebeldes, Jedis y demás “buenos” de la saga en la agrupación Rebel Legion y los identificados con los Sith, los soldados imperiales y “malos” en general con la agrupación 501st Legion, llegaron con sus bolsos y se cambiaron adentro del local.
Empieza a llegar un poco más de gente, algunos llevan las remeras de la línea edición conmemorativa que sacó Adidas con dibujos estilizados y pop de los personajes clásicos de la saga. Hay muchas cámaras de fotos y celulares que sacan instantáneas de los niños peleando en entre los estantes de libros con sus sables de plástico. Un muchacho en silla de ruedas espera con ansiedad que empiece la presentación; otro tiene una remera que dice Bart Wars y caracteriza a los personajes como si fueran Los Simpsons, además, tiene un colgante que termina en una Darth Vader en edición Lego. También hay un chico con una remera que reproduce el póster de la que debe ser la edición italiana de la primera película porque dice: Guerre Stellari y tiene unos dibujos de los personajes más parecidos a la tapa de una revista pulp fiction que al original. Al lado mío, un gordo con remera negra y logo de la saga en color dorado comenta: “Yo la película no la quiero. Yo quiero los extras nada más. Si me vendieran un disco con los extras y nada más sería mejor para mí”.
Por los parlantes del local empieza a sonar la marcha imperial, pasaron cinco minutos del comienzo anunciado y por ahora lo único que se ve es a la gente que entra y se aposta alrededor de los estantes. Una mujer con evidente tono de fastidio se sorprende: “¿Pero qué es todo esto? ¡Por favor!”. Estoy seguro de que ni siquiera sabe que existe algo llamado Star Wars y que ese algo es mucho más que seis películas e infinidad de novelas, cómics, videojuegos, pues es una de las piedras basales de la cultura popular desde hace más de treinta años y que ha visto con YouTube y la Internet colaborativa una expansión como ícono retro (junto con Super Mario) también cebado por la aparición de las precuelas.
Por el balcón del segundo piso de la librería se asoman ya un Boba Fett y un Storm Trooper que saludan a los chicos que esperan en planta baja.
En un momento siento una mano pesada en la espalda, me doy vuelta y me saluda Diego Doe. Como miembro de la 501st Argentina y como fan enfermo de Star Wars, está acá presente para darle su apoyo al lanzamiento, con una gorra que tiene la bandera de la confederación del sur, una chaqueta de cuero, una cadena como llavero y una remera genial que dice: “Expressions of Darth Vader” y muchas fotos iguales del hombre de la máscara en una retícula, debajo de cada una dice “Angry”, “Happy”, “Sad”, “Sleepy”, etc.
La librería ya está llena de fanáticos y casi no hay espacio o lugar para desprevenidos que de todos modos se dan una vuelta para ver de qué se trata el bullicio que llega hasta la calle, con personajes de las películas que ahora sí empiezan a aparecer por las puertas de los ascensores. Guardias imperiales, Storm Troopers, versiones de Anakin Skywalker, un piloto de Tie-Fighter, incluso un piloto rebelde de X-Wing, empiezan a caminar por los pasillos y son abordados por fans que quieren una foto, por niños que quieren tocar sus trajes, no se puede caminar entre la gente de tan lleno que está el local.
Periodistas de un nuevo canal de TV digital hacen su nota de color y la conocida Drag Queen local “la Barbi” hace lo propio con su cámara de mano intentando robarle algunas declaraciones divertidas a un Darth Vader.
Los Jedis levantan sus sables láser y posan para la foto. Un Chewbacca y otro wookie grandote intentan abrirse paso para desfilar por los pasillos y también hay una princesa Padme Amidala, un Han Solo con su característica camisa blanca y chaleco negro sin mangas, un Obi Wan Kenobi se para en el centro del hall y ciñe su sable láser para las fotos.
“Está Mario Pergolini”, se corre la voz pero la gente es mucha, el descontrol demasiado y no se llega a distinguir más que una multitud agolpada alrededor de los diferentes cosplayers.
En la escalera que lleva de la planta baja al hall de entrada, el piloto de Tie-Fighter la tiene difícil para bajar y Diego Doe se propone ayudarlo como un guardaespaldas. Inmediatamente me acuerdo de la escena clásica de Los Simpsons en la que una turba de fans de Star Wars descontrolada ponía en peligro a Mark Hamil, es decir, Luke Skywalker. Homero lanzaba un grito de guerra (¡NEEEEERDS!) y le abría paso a los golpes al héroe. Algo parecido está pasando acá, pero con menos gente golpeada.
Trato de pasar por entre la multitud hasta la puerta, y veo a una nena que está cuestionando en duros términos a Anakin Skywalker:
–¡Pero Anakin no tiene los ojos así!
–Sí, sí, vos mirala bien que cuando se quema, al final de la película, se le ponen los ojos así.
–Pero noooooo –insiste la nena que le llega a las rodillas al Anakin–, nunca los tiene como los tenés vos.
–Sí, sí, vos fijate bien que vas a ver que los tiene así –trata de convencerla con fastidio.Saliendo, en la puerta de la librería, un Darth Vader subido a la Harley Davidson de Diego Doe hace equilibrio sobre la vereda. No, no los vi llegar caminando, pero por lo menos este momento le da un poco de la magia de los mundos en colisión que quería ver.
Más allá, en la puerta de un kiosco limítrofe con la librería, una rubia joven habla por teléfono: “¡No se puede creer! Entré a El Ateneo de casualidad y estaban Darth Vader, un Storm Trooper, un Jedi, ¡una locura!”.
Sí, una locura. Pero no tanto. Conozcamos ahora los dos lados de la fuerza.

El lado luminoso de la fuerza

En 1995 LucasArts sacó al mercado el Dark Forces, el primer FPS ambientado en el mundo de Star Wars. Diego dice haberlo jugado muy por arriba, así como al Rebel Assualt II, otro oldie que hizo historia en el mundo de las adaptaciones de SW, sin embargo, lleva como seudónimo el nombre del mercenario rebelde luego convertido en Jedi, Kyle Katarn, y algún lejano parecido físico si se lo compara con Jason Court, el actor que le prestó su figura en Jedi Knight: Dark Forces II de 1997.
Para la comunidad Star Fans que él comanda, será entonces Kyle Katarn o el personaje que representa en las convenciones, encuentros y eventos especiales: Obi Wan Kenobi de joven. De hecho, con un poco de maquillaje y tintura de pelo es bastante parecido a la interpretación que hizo del maestro Jedi el actor escocés Ewan McGregor para la trilogía de precuelas.
Diego llegó a Star Wars gracias al viejo truco de las figuras de acción. En 1978, cuando tenía dos años, nació su hermana y su padre, para que el nene no se sintiera celoso, le regaló un muñequito de C3PO de la marca Top Toys, de fabricación nacional. Hacía solo un año que se había estrenado la película que desencadenaría todo lo demás (Star Wars Episode IV: A New Hope), por lo que Diego supone: “El primer muñequito que encontré al entrar a la juguetería tenía altas chances de ser uno perteneciente al mundo ficcional que George Lucas había comenzado a llevar a millones de personas”.
A la figura de acción del robot dorado le siguió una Princesa Leia y después un R2D2 que en ese momento no tenían mayor significado que el cariño que uno les da a sus primeros juguetes, hasta que con once años, Diego enganchó en la tele por primera vez la película que había inspirado los personajes de su infancia.Algo picó ahí y durante sus años de secundaria jugó los clásicos videojuegos que ya mencionamos hasta que en 1997, la jugada maestra de George Lucas para que su gallina siguiera poniendo huevos de oro, el reestreno de la trilogía original como paso previo a la salida de las precuelas, lo llevó a ver por primera vez la saga en cine. La movida de Lucas cerraba perfecto: educar a una nueva generación, una que había nacido o crecido con sus películas siendo ya viejos clásicos de culto, en el fanatismo a su saga. Con Diego funcionó a la perfección. Fue la vuelta de tuerca que le faltaba para fanatizarse. Al poco tiempo consiguió su primer trabajo y recuerda hoy en día, con un poco de remordimiento, que se despilfarraba el sueldo en comprar figuras de acción de las películas. Era una época dorada para el coleccionismo con precios relativamente accesibles y para Diego, que todavía vivía bajo el techo paterno, fue la posibilidad de acumular material coleccionable. Ahora recuerda: “Yo empecé como coleccionista. Primero con figuras de 1999, de Episodio I, después todo lo que tuviese el logo de Star Wars iba a parar a mi repisa. Cualquier cosa. ¿Un calzoncillo con el logo de Star Wars? Lo compraba. Remeras, pósters, tazas, vasos, lo que fuera. Es un vicio. Es una adicción. El coleccionista de Star Wars es adicto a coleccionar cosas de Star Wars, encima LucasFilms no va a parar nunca de fabricar cosas de Star Wars. Tiene la licencia más exitosa de la historia de las licencias, entonces, donde te des vuelta, tenés un producto de Star Wars”.
Por esa época además era muy fácil conseguir los productos en la Argentina: supermercados, la cadena Blockbuster o las cuevas trabajaban con material de Hasbro que todavía operaba en el país y si no con material de otras marcas importado especialmente, aprovechando el renacer de la franquicia.
La movida que trajo el estreno de la Special Edition de la saga original sumado al de la nueva trilogía movió un poco a la aletargada escena de fans nacionales. Volvió el furor, se juntaron un par de veces, fueron a los estrenos ataviados como sus personajes favoritos y para 2003, según Diego, se volvieron a disgregar como había sucedido en el lapso que fue del estreno de Return of the Jedi (1983) al estreno de A New Hope Special Edition (1997). En 2005, con el estreno del último episodio de la nueva trilogía (Revenge of the Sith), se hicieron algunas reuniones más y luego volvió a morir todo. Paralelamente, desde 2001, Diego venía generando las vías para organizar a la comunidad de fans locales de la saga. Desde su sitio starfans.com.ar, el ingeniero en sistemas aprovechó las posibilidades que la red de redes le daba para congregar a gente con su mismo gusto. Cuando en 2007 se cumplieron treinta años del estreno de la primera película intentó mover a su base para hacer algo. Agitó desde su sitio, listas de correo, gente a la que había conocido en convenciones pero no tuvo eco. La movida local de fanáticos parecía muerta. Se cansó y aprovechó la efeméride para convencer a su mujer, con quien se acababa de casar, de pasar su Luna de Miel en la Celebration de Los Angeles, el evento anual con la aprobación oficial de George Lucas que desde 1999 se realiza para celebrar todo lo que la cultura popular y los fans han hecho con la saga.
La mujer de Diego aceptó la propuesta de pasar el viaje de casados en la convención, rodeada de fans vestidos como los personajes de la saga, caminando entre juguetes y todas las delicias posibles para los fanáticos. De hecho, ya había aceptado que su marido se casara vestido de Obi-Wan Kenobi: “Mirá, ¿vos te querés casar? –cuenta Diego que le dijo a su mujer–. Bueno, yo solo me caso vestido de Obi Wan. Vos casate como quieras”. Y ella no sólo aceptó sino que se casó vestida como la Reina Padme Amidala. Pero su mujer no fue la única a quien tuvo que convencer: necesitaban un cura que aceptara casarlos así ataviados. La escena parece salida de una película y la relata con lujo de detalles el involucrado: “El cura me dijo: ‘¿Pero no es algo extraño?’ y yo le dije: ‘Si viene el jefe de Policía y se quiere casar de uniforme, ¿usted lo casa?’, el tipo me respondió: ‘Claro’. Yo seguí: ‘Si viene el jefe de los bomberos voluntarios y se quiere casar de uniforme de gala, ¿usted lo casa?’. El tipo volvió a decirme que sí. Entonces le expliqué: ‘Lo mío es un uniforme, no es un disfraz’. Y nos casó”.
Casamiento al estilo Star Wars, luna de miel en la Celebration de los treinta años en Los Angeles, y a su vuelta Diego ya tenía recargado el entusiasmo para mover a los fans locales. Volvió a intentar desde los medios a su alcance y se encontró con que nuevamente su entusiasmo no tenía eco.
En 2008 LucasFilms llevó su exposición itinerante Star Wars Exhibitiona San Pablo, Brasil. Fue la primera vez que el museo más grande de la franquicia tocaba América Latina.
Diego no se la iba a perder y allá estuvo. Al año siguiente se anunció que la exhibición estaría en Chile y finalmente en Buenos Aires. “Entonces me dije: ‘Si con esto no llego a levantar cien muertos fanáticos de Star Wars me tengo que pegar un tiro’ –recuerda Diego–. Tenía los recursos y los contactos, y entonces creé un foro de fanáticos al cual le puse Star Wars Fan Clubs Argentina, que ahora se llama Star Fans. Le dije a la gente: ‘Miren, yo sé que ustedes no tienen el tiempo. Yo sí lo tengo y también la disponibilidad. Lo único que les pido es que se pongan en contacto con sus conocidos y les digan que existe este foro que voy a armar, que se viene el Exhibition en la Argentina y que por qué no vamos el día de la apertura todos juntos’. Empecé a contactar así a dos o tres grupos que en esa época había dispersos en el país. Como siempre, cuando la limosna es grande hasta el pobre desconfía. Algunos me dijeron que no, otros me dijeron que iban a ver y otros me dieron pelota”. Ese fue el punto de quiebre para Diego. Había logrado contactar a mucha gente fanática de Star Wars en la Argentina gracias a un foro de Internet. La forma de congregación de afinidades más práctica que existe desde que se inventó la Internet colaborativa y el modo en el que la subcultura nerd y geek logró el envión de la visibilidad y la expansión a casi todos los campos de la cultura popular.
Desde entonces el foro creció. Actualmente tiene unos cuatrocientos usuarios registrados de los cuales Diego calcula que unos trescientos son activos. Star Fans se convirtió en la comunidad donde los fans locales se nuclean para planificar la asistencia a eventos, convenciones, reuniones mensuales y además, un centro de información sobre aspectos relacionados con todo lo que hace al fandom de la saga: coleccionismo, modos correctos de armar los trajes de los personajes para el cosplaying y todo lo que esté relacionado.
El administrador lo lleva a datos concretos: “Desde el 2009 hemos ido a cuatro o cinco convenciones por año. El año pasado, que se volvió a hacer la convención internacional, llevé catorce chicos de acá de los cuales doce fueron con disfraz. Es decir, hemos crecido y también hemos revivido el fanatismo por Star Wars. Sin olvidar que LucasFilms sacó Las guerras clon en 3D, que eso para los chicos es muy atractivo. Pibes que no saben lo que es Star Wars pero gracias a esta serie se van enterando. Además les da a los padres una excusa para ir a las convenciones y llevar a sus hijos sin decir que quieren ir por ellos mismos”.
El foro nuclea a fanáticos de toda la Argentina, acortando las distancias y poniendo en contacto a gente que de otro modo no hubiera sabido que existían otros con su misma pasión, pero además propició el armado de las dos facciones de fanáticos de Star Wars que mencionamos anteriormente: la Rebel Legion y la 501st Legion,las organizaciones de fans oficiales reconocidas por LucasFilms, lo que habilita a sus miembros a representar a los personajes de sus licencias en actos y eventos públicos siempre que se haga sin fines de lucro.
Diego es el líder local (Commanding Officer) de los rebeldes que se formó con el impulso que su trabajo en el foro le dio al fandom local. Para lograr ser reconocidos oficialmente como un “puesto de avanzada” de la agrupación con base en los Estados Unidos, se requiere un número mínimo de miembros que antes de la concentración de fans que logró Star Fans no existía en la Argentina. Así lo explica: “Ahora en la Argentina tenemos una Base. No siempre fue así. Antes fuimos un Puesto de Avanzada. Pero ahora tenemos dieciséis personas. Arrancamos con siete. Vamos a seguir creciendo porque hay varios que están terminando sus disfraces. Luego deben pasar un examen, que consiste en la comparación del disfraz con un estándar internacional que hay, un reglamento básico”. La pertenencia a un grupo u otro es importante para los fans de Star Wars porque determina su modo de entender la saga y de acercarse a la dicotomía planteada por esta acerca del modo de relacionarse con la Fuerza: “Siempre hay rivalidades tontas entre los grupos de la 501 y la Rebel Legion –señala Diego–, porque son villanos contra héroes, pero siempre terminamos estando todos en el mismo evento. Nos toleramos, más o menos, tenemos amigos en común en ambos grupos. Yo nunca pertenecería a la 501 y el comandante de la 501 jamás pertenecería a la Rebel Legion, pero por una cuestión de afinidades. De elección de personajes. Él nunca podría ser un caballero Jedi y yo nunca un soldado imperial. Sus creencias no son las mías, y las organizaciones, si bien parecidas en cuanto a su estructura, se llevan de formas muy diferentes”.
Pertenecer tiene sus privilegios y Diego cuenta que el año pasado durante la convención en los Estados Unidos estuvo a unos segundos de conocer a George Lucas en persona. Había ido a colaborar con el armado del stand oficial de la casa matriz de la Rebel Legion en la convención y por poco se cruza con el padre de la criatura que había ido a visitar los stands antes del horario de apertura de la feria. No se conformó con el desencuentro y cual groupie esa noche hizo doce horas de espera en la puerta de la convención para poder garantizarse uno de los ochocientos lugares (para una convención a la que asistieron cuarenta y cinco mil personas) en la sala donde la gran atracción era una entrevista pública a Lucas. “Lo pudimos ver en el escenario, lo filmamos, respiramos el mismo aire que él –se entusiasma y termina–: Yo voy a estar en esto hasta que me muera. Hasta mi último aliento. Voy a estar todo viejo, en silla de ruedas, todo cagado, pero si hay una convención y se puede tener un espacio, voy a estar ahí. Porque Star Wars me dio muchísimas cosas buenas. Demasiadas”.

El lado oscuro de la fuerza o el camino del Sith

Lucas Álvarez fue el primer miembro de la 501st Legion en la Argentina y, por ende, el fundador del outpost local, como se les dice a las filiales de las organizaciones de fans.
Su primer recuerdo de Star Wars es la edición recortada especialmente para ser pasada en formato Super 8 en cumpleaños. Un entretenimiento que en la década de los 80 fue fundamental para completar esas maratónicas fiestitas infantiles. “De Star Wars no tenía nada –rememora Lucas–. O sea, tenía una escena del principio y después saltaba a cuando explota la estrella de la muerte. Ahí todos aplaudíamos. Duraba ocho minutos como mucho. Creo que recién de grande me di cuenta que existía una película que se llamaba Empire Strikes Back, que continuaba la acción de lo que había visto, que era mucho más compleja, y que no duraba los cinco o siete minutos del Super 8”.
Como la pasión de tantos otros, la suya empezó con el coleccionismo de figuras de acción. Esos muñequitos que lo remitían a la infancia del modo en que un autito de chapa remite a la infancia a nuestros padres por ejemplo. Pero en determinado momento se sintió demasiado grande para seguir acumulando figuritas de plástico articuladas que se hacía importar mediante procesos burocráticos impensados en la era de los mercados globales actuales: faxes y llamados telefónicos a vendedores estadounidenses solo para conseguir un juguete. Fue entonces cuando descubrió que había otra gente en su misma situación. ¿Qué hacían algunos de ellos para seguir viviendo su pasión por Star Wars? Se compraban y armaban props. El término se traduce como “utilería”, pero en el mundo del fanatismo y el coleccionismo está íntimamente relacionado con hacerse disfraces o trajes a medida de los personajes favoritos de las películas. Y como hemos estado viendo, el mundo de los props de Star Wars es inmenso y hasta bien reglamentado.
En el año 1996 Lucas decidió meterse de lleno en ese mundo. Tenía un estudio de maquetería publicitaria y en su tiempo libre se dedicó a ensamblar un traje que hizo traerse por partes desde los Estados Unidos. Era un traje de Storm Trooper. Entonces asistió a una de las celebraciones oficiales así vestido y se alistó a la 501st Legion; al mismo tiempo creó la filial argentina.
Recuerda con cariño esos viejos tiempos: “Fui el primero que tuvo un traje así y lo disfruté un montón. Me cagué de la risa. Nadie había visto acá algo así. Me subía al colectivo disfrazado, hacía boludeces y la gente me miraba con una cara tremenda. Ahora como que no impacta del mismo modo”.
Ese fue el comienzo. Aprovechando sus habilidades técnicas en el modelismo, el plastimodelismo, el armado de maquetas y la escultura, empezó a armar él mismo otros modelos de trajes que no se conseguían o a hacerle pequeñas modificaciones a los que se conseguían de modo tal de adaptarlos a las necesidades concretas del uso. Una vez más, los foros de Internet le sirvieron como método de aprendizaje en las experiencias de los otros y de intercambio, canje de materiales, el hobby se convirtió en parte importante de su vida hasta convertirlo en su profesión actual: la confección y venta de complementos, modificaciones de trajes para otros usuarios. Y su colección de trajes empezó a dejar de ser usada en vivo y pasar a integrar una especie de museo con exhibidores en su casa: “A los trajes ahora los tengo ya como piezas de museo. Pasaron a otro punto. Esto es como el que empieza a hacer magia. Ves un mago y te encanta, pero si te ponés a estudiar magia pierde un poco la gracia. Acá pasa lo mismo. Ves a los Storm Trooper y te genera algo. Los personajes, en sí, te generan algo. Al principio cuando te vestís y te empiezan a ver y se sacan fotos con vos, te genera la sensación de estar llevando la magia, pero después llega un momento en el que esa magia se apaga y tenés que hacerte a un lado para volver a verlo. Yo estoy redescubriendo eso. Sintiéndome de este lado como espectador.”
Álvarez es muy estricto respecto de la cuestión de la “magia” o del modo de percibir, buscando al mismo tiempo la desautomatización de su percepción adormecida por ser él mismo el portador de los trajes y la perfección más absoluta. Asegura que su elección por el bando de los villanos tiene que ver precisamente con eso: “La 501 tiene unos disfraces más complejos, que me atraían más –sostiene Lucas–. Es otro el desafío. Son armaduras y son complejas porque implican partes de tela, partes de cuero, resina, plástico y aparte tiene que ver con que vos te podés poner un traje de Jedi, pero nunca vas a ser Obi-Wan porque la cara de Obi-Wan es imposible de tener. Te podés parecer mucho al actor que lo interpretó, pero nunca vas a tener exactamente su misma cara. Odio las series donde hay diez capítulos con un actor interpretando a un personaje y otros diez capítulos con otro actor haciendo el mismo personaje. No, no es el mismo. Yo quiero que hasta el mínimo detalle esté presente. Por eso creo que los disfraces de Jedi o de los rebeldes deberían exhibirse en un maniquí negro. Sin cara. Eso sería más cercano a la realidad. El tema del disfraz viene por ahí: lograr exactamente la misma apariencia. Como en el Imperio las caras no las ves porque están debajo de una máscara, encontré mi pertenencia también por ese lado.”
Lucas dejó el lugar de Commanding Officer de la 501 en manos de otro legionario muy activo, Paulo Masiero, cuando sintió que ya no tenía el tiempo necesario para dedicarle a la labor organizativa.
Ahora es un legionario raso más y se dedica a disfrutar de ver a sus compañeros reproducir la magia de los personajes que lo apasionan. 

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