Microcuentos: un arte breve y duradero

zen

Nunca fui particularmente afecto a los cuentos. Ni a escribirlos ni a leerlos. Las razones son múltiples pero creo que se resumen en que me cuesta encontrar una idea para una narración y una vez que la tengo siento la necesidad de expandirla, desarrollarla, amasarla y dejar que crezca. Eso en cuanto a escribirlos. En cuanto a leer cuentos, la razón por la que no me seducen es que los olvido muy fácilmente: siempre me sucedió de estar leyendo un libro de cuentos, llegar al último y no recordar en absoluto de qué trataba o qué contaba el primer, el segundo, el tercer cuento de ese volumen.

Pero dentro de este rechazo que siento por los cuentos la excepción la constituyen los microcuentos: a veces una línea o dos, esos relatos ínfimos suelen poseer una fuerza narrativa tan grande que desencadenan una especie de Big Bang de sentidos. Además, son fáciles de recordar para contar en cualquier ocasión.

Ayer leía una interesante nota donde desmienten que un famoso microcuento atribuido a Ernest Hemingway haya sido escrito por el Premio Nobel (pueden leer la nota, en inglés, aquí). Y si bien parece que no perteneció al genio literario del buen Ernest, el relato no deja de ser sumamente impactante. Aquí va una traducción posible:

En venta: zapatos de bebé, nunca usados.

Es lógico que se haya atribuido esta oración de siete palabras (seis en inglés) a Hemingway: el mecanismo de mostrar sólo la punta de un iceberg narrativo que oculta un trozo enorme de historia no dicha detrás parece llevar su marca. Sigue leyendo

Anuncios