Mis lecturas de la primera quincena de enero

Año nuevo, lecturas nuevas. O algo así. Comencé el año vacacionando en la ciudad por lo que intenté aprovechar el tiempo para ponerme al día con algunas lecturas atrasadas. Me había propuesto no empezar ningún libro más hasta terminar por lo menos todos los que estaba leyendo y realmente me interesaban (en total tengo a medio leer unos ocho libros de los cuales hay tres que posiblemente nunca termine porque no me interesan lo suficiente) pero esa promesa chocó con el sentido de las vacaciones: ¿cómo no voy a empezar un libro veraniego al menos? ¿para qué están hechas las vacaciones si no es para leerse un buen thriller de esos que no podemos soltar? Por lo que sí terminé dos de los libros que tenía a medio leer, adelanté bastante la lectura de otros dos y empecé y terminé uno de esos thriller no demasiado geniales pero sí bastante adictivo.

Aquí el balance de esta primera quincena:

Libros que tenía a medio leer y terminé de leer

The Brief Wondrous Life of Oscar Wao de Junot Díaz

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Este libro lo tenía pendiente desde hacía años cuando lo conseguí apenas fue publicado en una librería de usados.  Sigue leyendo

Narrativas zombie de segunda generación

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Hace un tiempo me pidieron una reflexión acerca del tema de los zombies en la cultura popular y luego de darle algunas vueltas en la cabeza a un tema que nunca me resultó particularmente atractivo logré entender qué es lo que a mi parecer subyace en la obsesión contemporánea por el tema de los muertos vivos come-cerebros. Cada época histórica plantea sus monstruos de preferencia; aquellos que se ponen de moda y alrededor de los cuales todas las narrativas parecen girar. En los años 90 se pusieron de moda los vampiros: desde Drácula de Francis Ford Coppola a los vampiros de Entrevista con el vampiro y la saga de novelas de Anne Rice a los juegos de rol de Vampiro: La mascarada y sus sucesivas adaptaciones a videojuego.

El vampiro como ese seductor que esconde detrás sus colmillos afilados para chupar la sangre funcionaba como una representación simbólica de la seducción del capitalismo neoliberal, implacable ante la caída de la Unión Soviética. La idea del parásito que chupa sangre siempre estuvo asociada al capitalismo y el neoliberalismo con sus promesas de “goteo” de riquezas y un futuro mejor perfectamente se adecuaba a la forma estilizada y seductora del vampiro encarnado en un Brad Pitt o un Tom Cruise en la adaptación de la novela de Rice.

La primera generación de narrativas zombie

Luego de esa explosión de la seducción del vampiro empezamos a ver como la temática zombie que había explotado con The Night of the Living Dead de George A. Romero en 1968 y que había tenido su ciclo de oro en el cine clase B comenzaba una lenta instalación en el imaginario popular y el zombie se convertía en el “monstruo de moda”.

Los videojuegos (Resident Evil, 1996 y sus sucesivas continuaciones pero también los modos de juego “zombies” en la saga Call of Duty, Rising Dead, Deadlight, Dead Island y cientos e innumerables otros videojuegos con zombies), las películas (28 Days Later, 2002 y luego la remake de Dawn of the Dead, 2004 y varias más incluyendo semi-parodias como Zombieland o Dead Snow con zombies nazis), las series de TV (Dead Set, 2008 y por supuesto The Walking Dead, 2010 – actualidad) y la literatura (trilogía Newflesh de Mira Grant, 2010-2012) se llenaron de zombies, la Zombie Walk (cuya primera expresión data del año 2000) pasó a ser una expresión global y casi institucionalizada.

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Los zombies se pusieron de moda y desplazaron a los vampiros que tuvieron su leve revival de la mano de la saga Twilight de Stephanie Meyer. Pero si consideramos las novelas de Meyer como literatura romántica excluimos a los vampiros y los hombres lobos que habitan sus páginas dentro de la idea del monstruo como representación simbólica de algún temor o angustia social. Sigue leyendo