El spoiler en la época de la reproductibilidad digital

spoiler

Me acuerdo de la primera vez que me “spoilearon” un libro que estaba leyendo: debía tener unos 14 o 15 años, el año era 1997 aproximadamente, estábamos en la pileta del club en Tigre donde íbamos con quien luego se convertiría en mi mejor amigo pero en esa ocasión lo odié con un odio que no creí que algún día podría superar. Habíamos estado discutiendo, no recuerdo exactamente acerca de qué, y como ambos estábamos leyendo El señor de los anillos pero el iba más avanzado (o quizás no pero se había enterado igual) me dijo que Gandalf era portador de uno de los anillos. Ahora lo pienso y ni siquiera tiene importancia, pero en ese momento lo sentí una traición tremenda, una catástrofe.

Luego recuerdo el último spoiler que realmente me jodió: empecé a leer una reseña de Perdida, el thriller de Gillian Flynn y el reseñista sin ningún tipo de contemplación ni cuidado anunciaba una vuelta de tuerca fundamental de la trama sin más, como si fuese parte de lo permitido en su espacio de reseña crítica. Lo odié porque luego leí la novela conociendo la vuelta de tuerca y sentí que perdía parte de la emoción de la experiencia.

Sin embargo hace varios días que me encuentro viviendo una situación inédita: hay tantos libros, series, películas, artículos periodísticos, relatos interesantes, narraciones de las que estar pendientes que ya no hay forma posible de hacer que el tiempo nos rinda para abarcarlos a todos y empecé a ver con cierto cariño a los tan maldecidos spoilers.

gone girl

La sobreabundancia de posibilidades de consumo es un problema serio: en una cultura mediatizada, atravesada por relatos ficcionales que forjan conversaciones, identidades, pertenencias y buzz en redes sociales (GIFs, memes, artículos, la maquinaria es imparable), no estar al tanto de las últimas novedades en una gama inmensa de relatos es sinónimos de quedarse afuera. Sigue leyendo

El camino del héroe

Hace unos días me encontré dando una clase en un cuarto año de un colegio público de la Ciudad de Buenos Aires acerca del famoso “camino del héroe”. Esta serie de “reglas” o mejor dicho, recurrencias narrativas que pueden observarse en mayor o menor medida en todo relato épico o heroico siempre me parecieron fantásticas porque nos permiten a los escritores tener una especie de esqueleto ya construido sobre el cual luego llenar la arcilla propia de nuestra historia.

Es sabido como George Lucas recurrió a la lectura de El héroe de mil rostros de Joseph Campbell para armar el perfecto camino del héroe que recorre Luke Skywalker en la trilogía original de La Guerra de las Galaxias (lástima que luego se olvidó de replicarlo en su otra trilogía). Es posible verlo también, sin escarbar demasiado, en la trilogía de El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien. Creo que esto constituye otro de los secretos de un relato clásico que no disimuló en empapar la historia de Frodo de todos y cada uno de los elementos que constituyen este set de reglas míticas.

Prácticamente cada película de acción y aventura que se haya filmado sigue bien al pie de la letra las “estaciones” del camino.

Es por eso que me parece que vale la pena recordarlas, porque nos puede ayudar a construir relatos mucho más robustos. La improvisación es hermosa y siempre necesaria, pero lo mejor es improvisar sobre una base sólida.

La sistematización la extraje de uno de los mejores libros que leí sobre el tema: The Writer´s Journey: Mythic Structure for Writers de Cristopher Vogler.

Ahí va entonces el camino del héroe con algunas anotaciones mías.

1. El mundo cotidiano

Luke

Al comienzo se nos presenta un mundo sin conflictos para nuestro futuro héroe. Así se establece su lugar en el mundo.

Podemos pensar en Frodo viviendo feliz y sin preocupaciones en La Comarca o en Luke Skywalker con sus tíos en las tierras desérticas de Tatooine. Sigue leyendo