La diferencia entre policial hardboiled y novela noir

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Hace unos meses me invitaron a participar de la Feria del Libro de Río Cuarto donde expuse en dos mesas junto a Sergio Olguín y luego también los dos junto a Fernando López, organizador él mismo del festival literario de género policial Córodoba Mata.

En un momento de esa segunda mesa en la que participamos, desde el público nos pidieron si podíamos definir las diferencias fundamentales entre novela policial noir y novela policial hardboiled.

Parecía una pregunta sencilla para tres especialistas en género policial pero a decir verdad, terminamos algo enredados con la respuesta.

Ayer estaba leyendo Hardboiled America un librito clásico acerca de los paperbacks policiales de los años 50s y viendo alguna reseña que le hacían encontré una crítica negativa que señalaba que el autor se confundía y utilizaba indistintamente los términos hardboiled y noir.

Teniendo en cuenta que escribí un cuento para la antología Buenos Aires Noir de la serie noir de Akashic Books que está por salir en los próximos meses, me preocupé: ¿podía ser que estuviera confundido respecto del significado verdadero de noir y su diferencia con harboiled?

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Red Harvest de Dashiell Hammett: uno de los creadores del género hardboiled.

Es evidente que la confusión es común. Busqué entonces información al respecto y me topé con una carta que le envió el editor de Hard Case Crime (mi colección contemporánea de paperbacks/neopulps policiales favorita) a un admirador que también confundía los términos y me pareció tan buena la explicación que decidí traducirla para que por fin, los obsesivos y los estudiosos de la literatura por igual, podamos saber de qué hablamos cuando hablamos de hardboiled y de noir.

El muchacho que le escribió al editor le preguntó: “¿Cuáles son las características principales de la ficción hardoboiled noir?

A lo que Charles Ardai, editor de Hard Case Crime respondió: Sigue leyendo

El triunfo de la literatura de género

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Hace unos días (el 11 de marzo para ser precisos) la revista Esquire publicó un breve ensayo donde señala que la ficción de género le ganó la batalla a la “Literatura” escrita así, con mayúsculas.

Lejos de escandalizarse por la novedad la nota firmada por Stephen Marche, en la que releva una discusión entre Kazuo Ishiguro y Ursula K. LeGuin a raíz de unas declaraciones del primero (en una entrevista, respecto de su nueva novela: “¿Van a seguirme los lectores en esto? ¿Entenderán lo que estoy tratando de hacer o van a quedarse en el prejuicio contra los elementos de la superficie? ¿Van a decir “Esto es fantasy”?“), diagnostica con total tranquilidad lo que está sucediendo: la literatura de género ya no es una literatura menor.

Esto es para celebrarse. Claro que sí. Durante el largo siglo XX la irrupción de las vanguardias artísticas se interpuso en el proceso de autonomización de la literatura introduciendo una forma de entender el arte literario que, superada su instancia repulsiva, era el objeto ideal para que la Academia se lo apropiara y lo colocara en un lindo estante de Museo.

Y como sucede con todo lo que va a los museos: puede ser más o menos bonito pero lo cierto es que son pocos los que van a ir a verlo.

Inmóvil, inerte, inaccesible excepto para los expertos, la literatura había encontrado su nicho de arte elitista a la vez que perdía todo su propósito “revolucionario”.

Si lo pensamos un solo segundo esto es una de las mayores estupideces que le pudieron haber pasado a la literatura.

Desde el comienzo de la civilización los hombres y mujeres han necesitado relatos, narraciones, historias para construirse un sentido, para vivir, para ordenar el mundo, para construir héroes que representaran la esencia de su pueblo y también, claro está, para entretenerse. Sigue leyendo