Nuevas reflexiones acerca de literatura zombie

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Hace unos meses escribí acerca de lo que llamo las “narrativas zombies de segunda generación” (lo pueden leer aquí).

Nuevas lecturas me llevan hoy a profundizar en algunas de las ideas que allí vertí.

Decía la vez anterior que hay dos grandes tipos de narrativas zombies:

1- Las narrativas zombies de primera generaciónson las que todos conocemos y las más extendidas donde una plaga, un virus o un motivo desconocido hace que los muertos se levanten de sus tumbas para convertirse en masas putrefactas que persiguen y acosan a los sobrevivientes de una civilización colapsada. Ejemplo actual de esto es la exitosa serie de TV basada a su vez en una serie de cómics, The Walking Dead.

2- Las narrativas zombies de segunda generación: son aquellas donde los zombies parecen casi indistinguibles de otros seres humanos, poseen sentimientos y raciocinio y todo lo que hace a un ser humano normal con la excepción de su necesidad de consumir cerebros y/o cuerpos humanos para mantenerse “frescos” es decir, no terminar su proceso de zombificación. Ejemplo perfecto de esto es la serie de TV iZombie o la saga de novelas de Diana Rowland de My Life as a White Trash Zombie de la que la serie antedicha parece haber sacado un poco más que inspiración. Sigue leyendo

Narrativas zombie de segunda generación

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Hace un tiempo me pidieron una reflexión acerca del tema de los zombies en la cultura popular y luego de darle algunas vueltas en la cabeza a un tema que nunca me resultó particularmente atractivo logré entender qué es lo que a mi parecer subyace en la obsesión contemporánea por el tema de los muertos vivos come-cerebros. Cada época histórica plantea sus monstruos de preferencia; aquellos que se ponen de moda y alrededor de los cuales todas las narrativas parecen girar. En los años 90 se pusieron de moda los vampiros: desde Drácula de Francis Ford Coppola a los vampiros de Entrevista con el vampiro y la saga de novelas de Anne Rice a los juegos de rol de Vampiro: La mascarada y sus sucesivas adaptaciones a videojuego.

El vampiro como ese seductor que esconde detrás sus colmillos afilados para chupar la sangre funcionaba como una representación simbólica de la seducción del capitalismo neoliberal, implacable ante la caída de la Unión Soviética. La idea del parásito que chupa sangre siempre estuvo asociada al capitalismo y el neoliberalismo con sus promesas de “goteo” de riquezas y un futuro mejor perfectamente se adecuaba a la forma estilizada y seductora del vampiro encarnado en un Brad Pitt o un Tom Cruise en la adaptación de la novela de Rice.

La primera generación de narrativas zombie

Luego de esa explosión de la seducción del vampiro empezamos a ver como la temática zombie que había explotado con The Night of the Living Dead de George A. Romero en 1968 y que había tenido su ciclo de oro en el cine clase B comenzaba una lenta instalación en el imaginario popular y el zombie se convertía en el “monstruo de moda”.

Los videojuegos (Resident Evil, 1996 y sus sucesivas continuaciones pero también los modos de juego “zombies” en la saga Call of Duty, Rising Dead, Deadlight, Dead Island y cientos e innumerables otros videojuegos con zombies), las películas (28 Days Later, 2002 y luego la remake de Dawn of the Dead, 2004 y varias más incluyendo semi-parodias como Zombieland o Dead Snow con zombies nazis), las series de TV (Dead Set, 2008 y por supuesto The Walking Dead, 2010 – actualidad) y la literatura (trilogía Newflesh de Mira Grant, 2010-2012) se llenaron de zombies, la Zombie Walk (cuya primera expresión data del año 2000) pasó a ser una expresión global y casi institucionalizada.

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Los zombies se pusieron de moda y desplazaron a los vampiros que tuvieron su leve revival de la mano de la saga Twilight de Stephanie Meyer. Pero si consideramos las novelas de Meyer como literatura romántica excluimos a los vampiros y los hombres lobos que habitan sus páginas dentro de la idea del monstruo como representación simbólica de algún temor o angustia social. Sigue leyendo