Que de lejos parecen moscas de Kike Ferrari

kikeQue de lejos parecen moscas por Enrique Ferrari
Mi calificación: 4 de 5 estrellas

Novela negra y brutal, Que de lejos parecen moscas es un típico ejemplo del género noir que logra la difícil prueba de la adaptación al gusto argentino.
En la discusión eterna acerca de la posibilidad (o no) de escribir género negro en la Argentina, la novela de Ferrari responde con un rotundo sí.
El narrador presenta al Señor Machi, un protagonista despreciable y aún así se las ingenia para que el lector quiera seguir sus desventuras, aunque más no sea por el placer sádico de verlo sufrir.
Este protagonista (empresario corrupto, típico trepador argentino, casi una especie de Señor Lanari de Cabecita negra, el famoso cuento de Rozenmacher, llevado al extremo de la avaricia, el desprecio por las clases bajas y la pisada de cabezas para conseguir una Sigue leyendo

Amazon sabe qué voy a leer

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El 16 de julio comencé a leer la nueva novela de Benjamin Black, La rubia de ojos negros, que me regaló mi editora quien conoce mi obvio gusto por la literatura policial. La novela de Black toma el manto de Philip Marlowe, el clásico detective creado por Raymond Chandler y escribe una nueva historia que no tiene nada que envidiarle a los mejores relatos del tipo duro y sentimental escritas por su autor original.

Como hago con cada libro que comienzo a leer lo indiqué en GoodReads, una red social para lectores y escritores que permite conocer libros similares a los que nos gustan e interactuar con otros lectores y escritores.  Sigue leyendo

Balas de plata de Élmer Mendoza

balasBalas de plata de Élmer Mendoza
Mi calificación: 3 de 5 estrellas

Élmer Mendoza tiene en el protagonista de “Balas de plata” un personaje peculiar: el Zurdo Mendieta, profesor de literatura devenido policía (?) En una época en la que escribir novela negra siempre representa el desafío respecto del modo de desarrollar al protagonista que llevará a cabo la investigación (dificultad extra siempre en la literatura latinoamericana, donde la policía no tiene nada de heroica ni noble), el Zurdo cumple a la perfección el rol con su tono entre melancólico, perspicaz, cansado y algo perdedor. El problema de la novela es que queda demasiado encorsetada alrededor suyo: los trazos de otros personajes se pierden y el estilo literario de Mendoza no ayuda: una prosa continua donde no hay lugar para ni siquiera un sólo guión de diálogo o cuando menos un entrecomillado, una indicación de qué personaje dice cada cosa. Interesante como procedimiento literario pero definitivamente engorroso para una historia de género. Ese bloque textual uniforme y cansador procesa la información, los diálogos, las situaciones que como si hubieras pasado por una picadora de carne formaran ahora una gran hamburguesa. Las acción, la estructura, los personajes están todos ahí pero son casi imposibles de distinguir, de separar, de acomodar por separado. Nuevamente, es un procedimiento textual válido y desde luego completamente legítimo. Podría pensarse que se trata de un modo de achatar los discursos y mezclarlos, asimilar asesinos con corruptos y policías de modo tal que no haya inocentes o buenos personajes sino una gran unidad de decadencia humana. Sin embargo, nuevamente, desde una perspectiva de novela negra en la que se inscribe por sus otras características formales (crímenes, investigadores, misterio, etc.) el relato queda completamente diluido en un mar de jergas mexicanas y personajes y situaciones que no terminan de independizarse, generando un largo relato al que el lector debe aproximarse aceptando la regla y sabiendo que se perderá en este largo río textual o dejarlo definitivamente y optar por alguna otra opción más apegada a un tipo de narración más lineal.

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